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miércoles, 31 de agosto de 2011

Viejos inventos modernizados.

Hace unos minutos navegaba por uno de los blogs que sigo, precisamente el de un joven cubano con mucho talento, y desde los primeros momentos su spot me hizo recordar mi infancia que está bastante lejana, por cierto. Lo disfruté porque el cerebro humano es definitivamente prodigioso y recrea las imágenes vividas con una nitidez extraordinaria. Las imágenes que difunde el blogger sirvieron de "puente" para revivir esos dulces y hasta melancólicos recuerdos de esa parte de la vida cuando tú careces de preocupaciones, ideología, política, necesidades; totalmente preñada de deseos de conocer, de aprender, de volar...

Tengo 60 años. Soy cubano y tengo una hermana. De niño cuando residía en un pueblito de la antigua provincia de Camaguey, Nuevitas, observaba, cuando no estaba jugando a las bolas al atardecer antes de la última comida del día, cómo pasaban los vendedores ambulantes que adornaban de cierto modo la calle imprimiéndole cierto aire de vecindad interconectada de vecinos  y vendedores. Estos comerciantes diversificaban lo inimaginable para hacer dinero y sobrevivir; entonces los alimentos costaban muy poco. Para que se tenga una idea con una moneda de 25 centavos ( una peseta ), ibas a la carnicería y comprabas picadillo, costillas y carne de segunda y comían tres veces cuatro personas, dos adultos y dos niños.
Pero retomando lo de los comerciantes móviles, encontrabas uno que vendía pata y panza y lo anunciaba con el pregón: ♪ paticaaaaa, ♪ paticaaaaa, caserita ♪. Ingeniosamente llevaba dos latas ( de las que conocemos en Cuba como lata de aceite, de 5 galones ) a ambos extremos de un madero y endosadas al fondo, hornillas de carbón con brazas para mantener calentito el producto porque el tumba'o es comprarlo para comer ipso facto, como ahora con las pizzas, si no llegan calientes se devuelven al vendedor. Y ese era el de pata y panza, pero también el de tamales, rositas de maíz y otros productos alimenticios que deben venderse tibios o calientes.
El punto es que estamos hablando de la década de los 50', cuando el uso industrial de los polímeros no era ni siquiera un sueño entre los cubanos de aquellos dulces y tranquilos pueblecitos.
El uso de la imaginación para hacer negocios y avanzar en la vida es una característica propia del ser humano en general. No creo que sea honorable imaginar que solo la nacionalidad cubana es la que se desempeña mejor que otros. Eso es falso. He visto otras nacionalidades empleando la imaginación, la inventiva y la adaptación de los medios locales recolectables para salir adelante que resulta difícil imarginarlo.Sin embargo, no me cabe la menor duda que los cubanos son proclives a generar ideas frescas o viejas renovadas a partir de la necesidad, que opera como precursora de hijos machos. Resulta obvio esa característica del alma del cubano cuando lo observamos crecer en cualquier otro país con ínfimos recursos o casi sin ellos, en tierra extraña, con poquísimos conocimientos del idioma y las normas administrativas y con una feroz competencia que diluye lo mediocre y lo malo y genera calidad, inventiva y garantía constantes.
En la propia isla esa capacidad debe burlar las limitaciones materiales, las prohibiciones y las normas administrativas, obstáculos considerables para cualquier "empresario", demuestran esa positividad y esfuerzo que los hace engrandecerse pese a las dificultades.
Que Dios bendiga a todos los buenos cubanos y también, por qué no ?, los malos cubanos que golpean a mujeres y hombres indefensos que reclaman libertad escondiendo su temor en turbas deshumanizadas.
Jorge B. Arce

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