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martes, 30 de agosto de 2011

Tierna conversación bajo los árboles.


Tierna conversación bajo los árboles.

En una tranquila villa campestre a las afueras de La Habana; sembrada con acceso a una sola calle de acceso prohibido; rodeada de altas cercas perimetrales, alambradas, luces, perros y custodios; bajo frondosos árboles frutales; reclinados en cómodos sillones con mullidos almohadones y acariciados por una  suave brisa vespertina, Fidel y Raúl conversan.

_Te lo dije, Chino, te lo dije, que esa era mi jugada maestra…bueno, una de las tantas jugadas maestras que vengo haciendo desde que triunfé en 1959 contra el sátrapa aquel de Batista.- le espeta en la cara a Raúl en tono de triunfo.

_A qué te refieres, Fidel?; contesta Raúl dubitativo.

_Al negocio de los inconformes, chico, coño, siempre estás en la Luna de Valencia. ( “Luna de Valencia” es un eufemismo que significa que la persona está rezagada en sus meditaciones, que es lenta de mente, etc. ).

_Sigo sin entender, Fidel, porque si de inconformes se trata hasta en nuestra familia los hay; -responde con tono de enseñanza el hermano menor.

Fidel se rasca la barba, que de barba solo le queda el nombre, se traga unas uvas y las “baja” con media copa de vino blanco. Observa meditativo el horizonte, que no puede ver porque se lo impiden las cercas perimetrales, los perros, las alambradas, los custodios y las jaulas de gallinas que crían para que el comandante tenga sus huevitos listos en la mañana. Se vuelve hacia su hermano y le silabea enfáticamente:

_Desde el principio, chico, desde Camarioca…los que se fueron con una mano a’lante y otra atrás. ¿No te acuerdas que le quitábamos hasta los anillos de matrimonio en el aeropuerto? ¡Los siquitrillados, Raúl! Luego la bomba del Mariel y más tarde lo del Malecón. Siempre sospeché que los americanos los recibirían y aflojarían los trámites de admisión para robarnos cerebros, porque hacen bien su papel de “buen samaritano”. –acota Fidel con aires de superioridad.

_Pero, Fidel, los yanquis siempre han dado abrigo a los huérfanos, no me vengas con eso, eh?- le riposta con un encabronamiento mal reprimido.

Fidel lo fulmina con la mirada de Comandante en Jefe, Presidente del Consejo de Estado, de Ministro, del Partido Comunista, etc., etc., pero al ver a su hermano sostenerle la mirada se acuerda que ya no es nada de eso. Se contiene y le desliza casi suavemente:

_Me refiero a que saldrían sin nada y regresarían a gastar el dinero que tienen que ganarse rompiéndose el lomo en Miami, cargados de gusanos con de todo. Y ese dinero viene a dar a nuestras arcas. Pero además, y eso no lo preví, dictaron la Ley de Ajuste Cubano que nos ha venido como anillo al dedo.

Raúl salta en su sillón literalmente y casi grita:

_ ¡Cómo que como anillo al dedo!, si se han ido casi dos millones de gente, Fidel!..

_Y qué, Chino, y qué, la mercancía salió casi gratis.- responde Fidel orondo.

_ ¿Qué mercancía?

_ ¿Pero es que no te das cuenta, chico,  acaso la Ley de Ajuste Cubano no sirvió para limpieza de opositores que teníamos a montones por  todos lados?- riposta con tono de vencedor el vencido por los años.

_Coño, es verdad, Fidel, es verdad. Recuerdo que siempre sospechabas y decías que los yanquis te estaban haciendo el juego sin saberlo y para impulsar la doble jugada lo único que hacía falta era acosar a los disidentes, a rendirle pleitesía a sus amos imperialistas; responde conciliador y con tono de tribuna antiimperialista el inseparable hermano menor.

_ ¡Déjate, déjate de actuar que estamos solos, coño! , no tienes que fingir.- le espeta el viejo maestro de las artes maquiavélicas y sigue entretenido buscando algo en sus fosas nasales.

Jorge B. Arce

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