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viernes, 26 de agosto de 2011

El valor intrínseco de la historia.

La historia existe no sólo para regocijarnos o entristecernos durante su conocimiento y estudio, sino para obtener además, lecciones de ella que nos sirvan en el presente y el futuro. Estados Unidos se debate en medio de una tremenda crisis económica mundial y el crecimiento económico no es estable en los últimos meses. A esta situación se añade un debate medular sobre temas estratégicos para el país, como el límite de la deuda nacional, la seguridad nacional, la presunta reforma de las leyes inmigratorias, la crisis de los fondos para el Medicare, el cuidado de la salud y otros, entre los partidos Demócrata y Republicano, opuestos por naturaleza. Los primeros, incansables defensores de establecer políticas paralelas al estado de bienestar y protección estatal de algunos individuos. Insaciables gastadores de fondos del erario por el gobierno. Los republicanos, batalladores incuestionables de defender las ideas de que el individuo es responsable directamente de su rumbo para alcanzar la plena libertad y bienestar sin control del estado que, por naturaleza, ralentiza el avance; veladores de los principios del nacionalismo de los Estados Unidos y su posición de liderazgo mundial, la que deviene del papel económico, político y militar que representa en la arena internacional.

Tanto unos como otros poseen parte de la razón y la verdad pues defienden los principios de una sociedad justa, pero...la hay? Los padres fundadores enfrentaron dilemas parecidos acorde con su época, pero en mi juicio, mucho peor porque no existían sociedades anteriores que pudieran ser tomadas como modelo de democracia, sólo apuntes del diario francés de la lucha por derrocar la monarquía, pero aún sin producirse la conocida Revolución Francesa. Ellos pretendían infundir verdaderos valores sociales a la nueva nación que nacía de la revolución de las 12 Colonias. Aún así lograron alcanzar un consenso basado simplemente en lo que más necesitaba la incipiente federación y establecieron las bases legales constitucionales en medio del caos que supone la multiculturalita embrión de los actuales Estados Unidos. Es admirable que las bases principales de separación y equilibrio de los poderes públicos haya sobrevivido hasta el presente y los debates para alcanzar los acuerdos fueron tremendos, pero no impidieron que cada uno de los delegados separase los intereses secundarios de los primordiales, mostrando la conducta imprescindible para aquel momento.

Los actuales congresistas deberían echar un vistazo a estos particulares y reorientar las brújulas de su andar legislativo en beneficio de esta gran nación en su conjunto.
Jorge B. Arce

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