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viernes, 18 de noviembre de 2011

Respuesta a un bloguero comunistón



Por Marcos Jesús Concepción Albala*

Como podrán verificar, en la gráfica de este articulo aparece la ‘Vigencia de Viaje’ (Permiso de entrada a Cuba) del Sr. Antonio de Jesús Cortés Espina, aparentemente cancelada por las autoridades de Migración Cubana, y señalo al Departamento de Migración Cubana porque son los únicos que la pueden cancelar, y si es así, entonces al Sr. Tony Cortés, en su último viaje a Cuba, se la cancelaron en el mismo Aeropuerto dentro del territorio nacional cubano, demostrándose en la cancelación que las autoridades cubanas no tenían intenciones de apresar y juzgar al Sr. Tony Cortés por su programa de televisión en Miami ‘Mis Pasos’, de haberlas tenido, seguro, pero seguro, el Sr. Tony Cortés no hubiera abordado el avión para su regreso a Miami, sino a Villa Marista donde ahora está su señora esposa…

Se evidencia claramente que la Sra. Leonila Hernández Sánchez está detenida en Cuba, no por el Programa de televisión ‘Mis Pasos’ producido y dirigido por el Sr. Tony Cortés, sino por otro diferente que ya está en producción para la venta de la Televisión de Miami, para tratar de salvar no solo a la Sra. Leonila, sino también su estrecha situación económica…

Sigo pensando exactamente igual a lo que comenté en el primer artículo dirigido a esta extraña trama de publicidad contra la Revolución cubana, que lo que le está sucediendo a la Sra. Leonila, está muy bien montado por su propio esposo para la producción de un nuevo programa para la televisión de Miami, donde la mamá de sus dos hijos será la protagonista de esta nueva tele-novela, que recién comienza bajo la dirección y producción del Sr. Tony Cortés… ¿Titulo?, posiblemente, ‘La madre de mis hijos en ‘Villa Marista’…



Sr. Carlos y Sr. Albala:
El oficio de “analista político” es uno nuevo que surge al calor de la efervescencia que produce, como una soda, algún incidente privado donde intervenga un particular y el intocable, omnipotente y omnipresente Estado Cubano. En este nuevo caso, que me trae a la memoria la fanfarria organizada de ambas orillas a propósito del balserito Elián, podemos constatar que está tan entusiasmado el ejercito de internaturas fidelistas por “armar un lío”, que hasta la opinión de un sujeto como Tony Cortés, al que usted conoce bien, supongo, le ofrecen más “rollo que película” tiene. Este tipo, Cortés, piensa y dice lo que le dé la gana, simplemente porque es su derecho y si bien, gente como usted se vanagloria por defender las “conquistas alcanzadas por la Revolución cubana”, entre ellos el del Trabajo garantizado para todos los cubanos, entonces no tiene lógica que inviertan tiempo y dinero en contrarrestar las declaraciones que él deponga ante quien y como corresponda a su voluntad.
Como quiera que un ser humano con sentido de la equidad analice esta situación creada en torno a la esposa de Cortés, puede apreciar que si bien las operaciones inquisitivas desarrolladas por la policía cubana sobre ella se mantienen con el acostumbrado secretismo que establece la Ley de Procedimiento Penal en vigor, no guarda relación con todas las declaraciones difundidas por los acólitos del régimen cubano con la marcada intención no dicha, de enturbiar esas aguas y convertir en un conflicto de baja intensidad el dilema, propósito estratégico del modus operandi de la diplomacia cantinflesca cubana. En otras palabras, señores acólitos, el pan no da pa’ más. He tenido la oportunidad de ver, a pesar de que ello me produjo las mismas sensaciones que tomarme una cucharada de aceite de Ricino, tres de los capítulos de la serie de Cortés. Ustedes la vieron ?…bueno, supongo que sí, gente como ustedes no tiene obstáculos para acceder a los que no pueden los demás compatriotas no servidores. Y puedo asegurar que si a alguien beneficia el mensaje subliminal de esos programas no es a la gusanera de Miami, como suelen inescrupulosa e irrespetuosamente calificar ustedes a los coterráneos que quisieron vivir donde le salió de allí mismo; pero esa es otra historia. Decía que si a alguien beneficia propagandísticamente hablando la esencia de esos documentos de video, es a la Nomenclatura cubana y al mensaje que cada minuto envía a todas las partes posibles, el DOR-CCPCC. Las imágenes de las gentes que aparecen allí, adultos y niños cubanos, así como sus declaraciones y respuestas a preguntas neutrales del entrevistador, reflejan una situación que no viven; parece como si no tuvieran ningún tipo de problema y las preguntas se encargan de que solo aborden los temas que no comprometen el estado de depauperación en que viven la mayoría de los cubanos_quizás ustedes no_, ni qué decir.
De manera que dejen las historietas, si toda esta fanfarria oculta algo es la verdadera intención de Cortés de que lo veamos en Miami como una víctima…Y NO LO ES…. Realmente no importa lo que yo piense personalmente de su actitud, no puedo condenarla, sea o no sea un agente activo en el período de incubación. Sin embargo esa es mi teoría y la señalo porque tengo el derecho de decir lo que pienso…Y LO HAGO. Claro, tal vez a gente como ustedes, que “crece” enterrando la reputación de los demás y se alza sobre “cadáveres” sociales, esto podría aportarle una justificación más de obtener una limosna de su patrón.

Jorge B. Arce


martes, 15 de noviembre de 2011

El libro "Así es mi país".

Resultados de la educación revolucionaria en Cuba.

La Revolución Cubana marcó un hito inédito en América Latina en el comienzo de la década de los 60’s y se caracterizó, entre todas las cosas, por ser amenazadoramente transformante como respuesta a la suspensión de la Cuota Azucarera implantada por el gobierno de los Estados Unidos. Esta medida generó una cadena de acontecimientos de respuesta que abarcó todos los renglones de la vida en general de la isla. Mientras más medidas se aplicaban desde el exterior para tratar de estrangular el gobierno de Fidel Castro, más radicales eran sus medidas de respuesta. Producto de estas acciones equivocadas de ambas partes quedó en medio quien no había pedido ni decidido esos cambios: Los cubanos.

En lo que respecta a educación fueron implantadas importantes medidas que cambiaron el sistema imperante; el alejamiento de la sombra de Estados Unidos y el acercamiento a Europa y principalmente la Unión Soviética, configuró en mucho las transformaciones que se originaron en ese sector. Se suprimió el estudio elemental del idioma Inglés en las escuelas secundaria hacia arriba. Fueron sustituidos el estudio de América del Norte, principalmente Estados Unidos por otros parajes europeos como los mencionados, así como de la propia isla. Fueron suprimidos todos los pasajes históricos principales referidos al Cristianismo y Judaísmo y, paradójicamente, en secundaria empezó a estudiarse el idioma ruso.

Gobierno e Iglesia Católica protagonizaron un encarnizado enfrentamiento que dio por resultados que curas y monjas tuvieran que emigrar para salvar el pellejo, sobre todo en los casos de aquellos que mostraron una determinada dosis de activismo cívico frente al desmoronamiento de una sociedad como la existente en sus relaciones con esa creencia religiosa. Otras, como los Testigos de Jehová, por ejemplo, no fueron perseguidas y decidieron mantener el perfil bajo para sobrevivir como efectivamente lo hicieron.

Sin miramientos fueron introducidas esas transformaciones eliminando asignaturas correspondientes al saber humano que hacen al estudiante-ser un ente cosmopolita, habitante de todo el planeta y ajeno a cualquier tipo de ideología. Desde ese entonces, la ideología ha lustrado y administrado todas las dosis del saber en escuelas y universidades. No quedó ni una sola asignatura que no contuviera un 50 % de su dosis separatista y partidista. Este quehacer quebró importantes conexiones del desarrollo del adolescente y del joven en el desarrollo de su aprendizaje global. A esa edad se necesita conocer los principales acontecimientos históricos que han ido cambiando el mundo y el desarrollo de la humanidad, pero con el imperio de la ideología esta directriz fue castrada.

De ahí la importancia que requiere la independencia de los patrones escolares y el contenido de los textos de cualquier elemento político-ideológico. Como se sabe, los ideólogos de la revolución utilizaron el falso patriotismo para enmendar la historia argumentando que los enemigos habían hecho lo mismo antes. Según se conoce, el gran líder revisaba personalmente los proyectos que le eran presentados para las principales asignaturas, de modo que su impronta personal está implícita en estos asesinatos de la educación.

A mi mente viene una anécdota personal que ilustra este dilema o mejor, este sistema autodestructivo del desarrollo del pensamiento del estudiante. Cuando cursaba el cuarto grado de primaria, se editó un libro para sustituir el que existía para ese fin y creo que estaba dirigido a estudiantes de tercero también. Su nombre: “Así es mi país” y su escritor el entonces Capitán del Ejército Rebelde Antonio Núñez Jiménez, el que por cierto, según he conocido, poseía una hermosa esposa que tenía algún tipo de tapaderas con el gran líder mientras que éste navegaba, cabalgaba o volaba sobre Sierra Najasa, el Cauto o la Ciénaga de Zapata durante sus estudios geográficos de la isla.

Yo había sido un estudiante inclinado a memorizar lo que leía y me aprendía con facilidad textos de todo tipo y luego los recitaba con facilidad en actividades escolares, lo que me hacía blanco de ciertas y determinadas admiradoras.

A tono con esto, mi maestra de ese grado era Ada Brito, una señora muy severa en sus clases que no permitía ninguna indisciplina. Era regordeta, trigueña y dueña de una formidable voz capaz de hacerse sentir en toda la magnitud de aquella gran aula donde nos enseñaba Geografía, de grandes ventanales, que irradiaban muchísima luz, gran pizarrón y unos closets de madera adosados a la pared con una linda marquetería en sus puertas y parte superior, los que servían para guardar el material escolar que utilizábamos y que se hallaba en aquella formidable escuela nombrada José Miguel Tarafa en honor a un prócer local del siglo XIX.

De ella se rumoraba que estaba preparando sus papeles para irse a Estados Unidos y al igual que otras maestras como Julia Pérez, la que recordaba más a una mujer nórdica que a una nuevitera hija de un pueblito colgado sobre una bahía, nos dejaba tareas para la casa antes de terminar cada clase. Aquella, dejada por Ada Brito, significaba memorizar y comprender los límites geográficos de Cuba y había que inspirarse en cualquier texto que los explicara. Así que tomé el ejemplar de Así es mi país y me dispuse a memorizar su contenido al respecto.

Así, al día siguiente, en cuanto la maestra lanzó la pregunta sobre los límites geográficos de Cuba, alcé la mano como un látigo y lancé un efusivo: ¡Aquí, maestra! que despeinó a varios compañeros. Ada Brito, como le contaba, enseguida sospechó que yo haría una correcta descripción de la pregunta y dijo:

-A ver, Jorge Arce, póngase de pie y responda la pregunta de la tarea.

Antes de proseguir permítanme anotar que muy temprano descubrí que había cierta y real relación entre el progreso que conseguía en las pruebas exploratorias y los exámenes finales y, de otro lado, mi amplia participación en las preguntas de clase y hasta cierta tendencia a cuestionar los criterios en base a lo que me aprendía de memoria. Los maestros sabían eso y lo explotaban a su manera. Había descubierto que no era un adicto estudiante que repasa en casa las clases del día y que las buenas notas que obtenía se debían al aprovechamiento de la asimilación durante las clases. Lo sabía y lo explotaba. En fin, era un estudiante de poco esfuerzo. ¿No es eso ser un tipo listo?

De manera que me puse de pie con todo coraje y confianza como si fuera un bateador que sabe qué tipo de lanzamiento hará el pitcher enseguida y mi capacidad para conectar, y me hice escuchar con tono de niño prodigio:

_La isla de Cuba, o archipiélago como debe ser llamado por la composición geográfica general de varias islas e islotes aparte de la isla mayor, limita al Oeste con la península de Yucatán, Méjico. Por el Sur con el Mar de las Antillas o Mar Caribe. Por  el Este con Haití en la isla de Santo Domingo y por el Norte…

El hecho de que hubiera dejado el Norte para el final, contrario sensu a como se inicia la descripción de una ubicación geográfica, no era casual ni por iniciativa propia; así versaba el texto que he citado antes y con toda intención. El hecho de que respetase ese patrón textual me daba la oportunidad de defenderme, si la maestra rectificaba mi descripción, arguyendo que el texto era quien debía ser respetado, sino para que se empleaba de estar mal. Y con esa carta en la manga, continué

_...y por el Norte con la península de la Florida, la cual se extiende hacia el Sur, hacia nuestro país, como el colmillo de un monstruo que pretende clavar sus fauces y...

_Suficiente, suficiente, Jorge Arce, no es necesario que abunde más en los detalles…

_...pero, maestra, pero si en el….

_ ¡Suficiente he dicho, caramba!, puede sentarse; concluyó mientras se arreglaba su moña que caía sobre su frente y con un tono contrito, indiscutible e inalterable.

A esa edad escolar un niño interpreta y acoge concurrir a clases todos los días como una obligación impuesta por los padres, primero y luego se transforma en hábito, curiosidad e interés, en ese orden. Y por otra parte, el tiempo para el juego, la pelota, la pesca, empinar papalotes, montar bicicleta y patines o ir de excursión al monte agreste, están compartidos y distribuidos en la mente. A esa edad el maestro explica los pormenores del sujeto y predicado en el pizarrón, el niño observa pero su mente está en decidir qué tipo de anzuelo necesita para enganchar un sábalo de 30 libras y que no se safe. Así de simple. El maestro y el resto del claustro deben organizar de acuerdo a un programa de estudio paralelo, actividades en la escuela o con la escuela, que inserte ese interés hacia lo desconocido que todo estudiante tiene, intercalándolo y relacionándolo con el material de estudio.

La voluntad política para viabilizar ese concepto significa la existencia de un entramado global que enlace las asignaturas que permitan ser vinculadas con la vida real. Y esos intereses sublime de la educación no deben ser bloqueados por los políticos ignorantes, solo conocedores de cómo permanecer en el poder.

Esa supuesta armonía entre los grupos que representan intereses y los de presión no debe ser obstaculizada por axiomas ideológicos. El alumno debe sentirse parte del colegio, integralmente. Deben edificarse implementos que se conviertan en representativos de la pertenencia a ese colegio en particular acrecentando el papel individual y mezclándolo con el de grupo o team. El premio al esfuerzo debe ser estimulado, reconocido y entregado al mejor. Todo este clima hace crecer ese sentido de apego a la institución, el sentido de responsabilidad y de representatividad, cosas importantes en el futuro demócrata.

El marco enjuto, cerrado, claustrofóbico del “cuatro paredes” del aula, el timbre, la mirada inquisitiva del maestro y el sentimiento de obligatoriedad que algunos creen son las herramientas eficaces de la educación, son lo contrario. El chico rechazará la escuela. Severidad no es represión, sino formación del necesario concepto de reglas y disciplina.

El ánimo de competencia y de sobresalir en los resultados por encima de los demás no crea un ídolo, crea un luchador por sus metas. Por ello el deporte competitivo, aún con bases creadas en la propia escuela, forjan ese carácter en la fase de estructuración de la personalidad del joven.

El interés por la participación en las actividades de civismo o patriotismo, requieren una estructura básica y progresiva, pero también alejada de dogmas protocolares que solo producen aburrimiento en el joven. Debe convertirse al estudiante en protagonista del aprendizaje de esos valores, no por escucharlos, sino por actuarlos. Se consigue con programas integrales con base al teatro como principal soporte metodológico.

La educación y la instrucción no pueden desarrollarse por adoctrinamiento. Se deben mostrar todos los caminos pero no decir cuál debe ser tomado de manera directa porque será rechazado por naturaleza. El ánimo de que el estudiante halle desarrollo y libertad de acción, de opción y decisión, ha de ser el objetivo de la EDUCACION para lela a la instrucción para todo maestro.

Jorge B. Arce

sábado, 12 de noviembre de 2011

Travesuras !, no me condenéis...

_ ¡Coño, no viene nadie!...

_ ¡Verdaaaa!...

_ ¡Allá viene uno!, por allá, por la botica…

_ ¡Agáchense, que no los vea!.

Angelín, Carlos Font, Oriol Mederos y yo; los cuatro, agazapados tras unos arbustos casi plantas crecidos al borde de la calle sin aceras, en medio de una principiante noche estival. Justamente frente al tapiado de un solar yermo hallado junto a la casa de Gelín, (Ángel Agosto), junto al que había un espacio de tierra lisa y apisonada por las pisadas que servía de escenario a nuestros juegos de bolas “A la olla”. Era un día de semana como cualquier otro, como todos los días de aquellos años 1957 o 1958; con poca gente en la calle de aquel barrio no de tan mala muerte, pero si con gente buena sin ser rica ni de clase media; trabajadores, artesanos, listeros, wincheros, albañiles, tenedores de libros, maestros, hojalateros, bodegueros, boticarios, fotógrafos, fonderos y otros tantos y tantos oficios de la Cuba apre-revolucionaria. Era el horario inmediatamente posterior a la cena o comida, _como se le llama en Cuba_, en el que me unía a otros chicos de mi edad por 2 ó 3 horas para hacer travesuras. Era el pasatiempo de la época. Les decíamos “maldades”.

_Caballeros, ¡vamos a hacer maldades!

Era como un lema, como una invitación. A esa hora nuestras madres estaban haciendo los arreglos en la cocina o planchando nuestra camisa blanca del colegio y su corbata negra y su short azul con pliegues. O quizás poniéndole betún a los zapatos “colegiales”. Nuestros padres en una reunión del gremio, jugando dominó en la esquina o haciendo cualquier otro negocio por ahí para aumentar el presupuesto mensual. Nosotros, reunidos, inventando cómo pasar el tiempo mejor hasta que nos llamaran justamente después que las campanadas del reloj de la iglesia católica se sintieran a lo lejos indicando que eran las NUEVE, lo que significaba para nosostros algo como un toque de queda, por lo que cada minuto era exprimido al máximo para que rindiera lo necesario.

Debimos ponerle nombre a nuestro barrio. Cuando nos identificábamos en nuestras “andadas” por otro distante nos preguntaban:

_Y ustedes, ¿de qué barrio son?...recuerdo que siempre decíamos lo que se nos ocurría primero:

_Por allá por El Faro, o cerca del Campoamor, o por la Reguladora (que era una Ferretería, la mejor y mejor dotada del pueblo). Pienso que tuvimos la oportunidad de bautizarlo y la dejamos pasar. Lo siento por mi barrio. Pudimos haber contestado también que éramos de por El Sol, en referencia a uno de los más importantes hoteles del pueblo o de la botica de Roque.

Semi ocultos por el espacio de penumbras donde nos encontrábamos aunque el poste de la luz más cercano estaba muy próximo pero el bombillo era de luz muy amarilla y los que se usaban en los portales de las casas circundantes eran de bajo voltaje, 25 ó 40 watts, nos hallábamos en un formidable lugar para que no nos vieran los transeúntes escasos que se aventuraban a hacerlo por la calle Independencia entre Augusto Arango y Agramonte a esa hora de la noche y que era ventajoso para nuestros malditos propósitos; ( maldito viene de maldades, recuerdan ?.) Esta palabra encerraba en su contexto más generoso a las acciones de engaño, susto, molestia y otros con que solíamos hacer nuestras majaderías a otros, extraños o no. Los que se movían por aquel sitio eran potenciales blancos de nuestras “maldades”. Ohh, cuán bien escoltada se encontraba la “Independencia” de aquellos pequeños bastardos!

El área escogida para nuestras acciones era en una calle de obligado uso para todos aquellos que debían dirigirse a varios sitios públicos, era verdaderamente transitada porque además, la bajada de la loma era más suave, de modo que muchos de los que querían llegar al club Martí que estaba en Calixto García, en lugar de descender desde el Oeste por esa calle, preferían tomar Independencia porque era menos empinada. Era nuestra ventaja para tener más blancos.

Nuestra maldad consistía en haber atado un pequeño fajo de papeles a la usanza de billetes de banco, colocando en el exterior uno recortado de las fotos de publicidad de los bancos que aparecían en la revista Bohemia que mi padre y cualquiera de nuestros padres compraban en los estanquillos en su tirada semanal. Generalmente escogíamos las fotos de los de 5 pesos porque eran los más creíbles. El fajito estaba atado con un nylon de pescar, casi invisible y el chiste consistía en tirar de él cuando el caminante lo había hallado en su camino, de modo que se sintiera burlado e hiciera un exabrupto como señal de reconocer haber sido burlado, algo rudimentario que dio pie a las cámaras ocultas de hoy día,; ¡bendito el progreso!.

El resto de la travesura pueden imaginarlo: La persona andante lo descubría en medio de la oscuridad, se detenía y adoptaba una actitud de titubeo; finalmente se agachaba a acordonarse los zapatos que “casualmente” lo necesitaban y cuando, después de mirar a todos lados se disponía a tomarlo, nosotros, uno de nosotros, el que sostenía el otro extremo del nylon, le daba un pequeño tironcito como si hubiera sido el aire y así hasta que el timado comprendía todo o hasta que nuestros pulmones no pudieran soportar la presión de la risa contenida y estallaran las carcajadas que era además, una señal de,

_!Corre, que te cogen!...

El burlado nos mentaba la madre y añadía otros tantos improperios que lejos de enfurecernos nos hacían reír a mandíbulas batientes en medio de la carrera poniendo tierra de por medio.

_ ¡Ah, cabrones de mierda, dejen que los coja!

_ ¡Ataja, la Rural, ataja!, gritaban otros más encabronados por nuestra travesura.

Por supuesto que esa maldad no la hacíamos todos los días; teníamos como una agenda variada para no poner a la gente sobre aviso.

El peor de los casos eran cuando los burlados reconocía a uno de nosotros cuando corríamos golpeándonos las nalgas con los tenis;

_ ¡Tú eres Casimirito, cabrón!, se lo voy a decir a tu padre, coño!; eran amenazas de gente que conocía a mi padre y me identificaban a mí en las penumbras de la calle Independencia porque era muy simple asociar a mi padre, que todo el mundo sabía que vivía en esa cuadra y porque yo aparecía en el Puerto Tarafa o Pastelillo a llevarle el lunch a mi padre cuando se quedaba “de corrido”, y donde todos los trabajadores del ramo me veían continuamente y donde generalmente me quedaba pescando desde los espigones oculto de los que cuidaban el lugar porque no se permitía.

7.30 de la noche. Portal de la casa de Carlos Font, hijo de Luis Font, el fotógrafo. Lloviznaba tenuemente y las ranas croaban alegremente satisfechas del ambiente creado por la lluvia desde charcos y las cunetas que existían paralelas a las calles, imprimiendo una melodía de trasfondo a nuestra conversación infantil sentados en los escalones.

Recuerdo confusamente que nuestras conversaciones de entonces giraban en torno a los mismos temas de siempre:

-lo que le pediríamos a los Reyes Magos para el Día de Reyes, ( una bici, por supuesto, las que generalmente no cabían por debajo de las puertas, que era el lugar por donde penetraban en la casas esos tres monarcas pues en Cuba las casas no  tienen chimenea;

-sobre el último juego de Habana y Almendrares, donde Willy Miranda hizo una tremenda atrapada en el short stop;

-qué vamos a hacer el sábado, caballeros?, o sea, planear las andanzas del sábado próximo;

- ¿falta poco para la corrida de la Jiguagua? Un tipo de pez de carne roja familia del Bonito.

- ¿Y la corrida del Pargo del Alto?

-Falta poco…hay que preguntarle a Justino. Justino, que descanse en paz, era el esposo de Ade, una de mis tías paternas.

Otro tema era relacionado con nuestros colegios y las actividades cívicas paralelas, algo que hoy, ni soñar…ahora le llaman, revolucionarias.

Pero en aquellos actos cívicos, donde se honraban a los mártires de las guerras de independencia de España, los alumnos debíamos participar en actividades previamente preparadas como coros, canciones, poesías y obras de teatro y danza bajo un tema central alegórico a la fecha.

_Gelín, ¿ya tienes novia en la escuela?,

_No, no me interesa eso; respondía él, el más taimado de todos nosotros.

_ Y tú, Jorge ?

_Yo sí, qué te pasa?

_Y quién es?

_Miriam…

_ ¿Miriam?, qué Miriam?;

_ Miriam Andrés Infante, chico, quién iba ser, la que está conmigo en 2do.

_ ¡La de la trenza rubia que le llega hasta las nalgas!?

_Si…

_ ¡Mentiroso, mentiroso, mentiroso!...

_ ¡Seguro que ella no lo sabe,  no lo sabe, no lo sabe, je, je, je!

_Es verdad, no se lo he dicho, pero no le digan nada, coño…, refunfuñaba yo atrapado en mi mentirilla. Es que Miriam Andrés Infante era la niña más linda que “ojos humanos habían visto”, y yo me la echaba de novia para vanagloriar mi amor frustrado no confesado del 2do. Grado de primaria.

Otra de las travesuras que solíamos completar era la de atar las aldabas de determinadas puertas de calle de algunas casas con un cordel delgado, no nylon porque era muy difícil de partir en caso de una emergencia, escondernos frente a ésta y tirar para hacer golpear la aldaba y que acudieran a responder el llamado y se dieran de nariz con la soledad. El truco solo daba resultados en pocos casos por lo gastado, por eso había que ensayarlo en sitios separados de nuestro pequeño radio de acción.

Una noche, que llovía por intervalos, una llovizna fina, invernal, nos hallábamos como de costumbre reunidos en el portal de Font.

_ ¿Qué hacemos, caballeros?

_ ¡Qué aburrimiento!

Las ranas croaban por las cunetas.

_Oigan, y si cogemos un cartucho, lo llenamos de ranas, tocamos a una puerta y cuando abran lo lanzamos al interior?; dijo uno que no recuerdo quién pudo ser…

_ ¡Está bueno, coño!;

_! Hagámoslo!, dijo un segundo…

_Si, pero…y dónde hacemos eso?, porque la gente de por aquí nos reconocería y nos meteríamos en tremendo rollo…

_Es verdad, hay  que pensar…

Unos segundos de silencio interior y exterior siguieron a aquellas palabras. Todos nos preguntábamos dónde tocar para lanzar el cartucho lleno de ranas. La solución no se hizo esperar.

_En casa de la Gata. ¿no les parece?

La Gata era una señora muy respetuosa que vivía como a unas 4 cuadras de distancia por la calle Augusto Arango andando hacia el parque de la iglesia, y que se caracterizaba por tirar cubos de agua en su portal cuando pasábamos patinando y escandalizando. Cada vez agregaba alguna nueva palabrota para archivarla en nuestros archivos particulares. Aprendí con ella las más grotescas. Le teníamos tremenda giña aunque no nos había hecho nada en realidad, sino al contrario. Ella tenía como 5 ó 6 gatos que criaba en su casa, de ahí el título nobiliario: Miau, Miau, La Gata y salíamos corriendo o patinando y ella, como si estuviera detrás de la puerta de la calle, salía lanzando un cubo de agua que a veces hacía blanco en nuestras piernas.

Cuando reunimos unas diez en el cartucho de bodega, se presentó el dilema:

-quién llevaría el cartucho;

-quién llamaría a la puerta y lo lanzaría al interior.

Como nadie se brindó voluntario lo rifamos con papelitos con nuestros nombres escritos dentro de la gorra de Carlos. Me tocó llevar el cargamento y a Gelín tocar la puerta.

Lo que vendría después fue lo que nos colocaría en una situación inédita y de pánico infantil. Gelín y yo parados frente a la puerta. Los portales contiguos con las luces apagadas y desprovistos de los residentes que usualmente se sentaban en las mecedoras a abanicarse y comadrear, debido a las lluvias intermitentes.

_Denle…

_Toc, toc, toc…

Yo casi cagado pero a pie firme. Gelín que casi se mandaba sin esperar a que respondieran al llamado y…se abrió la puerta lentamente. Como la Gata solo dejó una pequeña abertura entre la puerta y el marco no tuve más remedio que lanzar el envoltorio entre un gato, que asomaba la cabeza por un costado y  las piernas de vieja. A correr se ha dicho…

Lo que apenas sentimos fueron sus acostumbradas palabrotas indecentes y llenas de impotencia, pero  supongo que  sus  gritos de terror al desparramarse los batracios por su sala entre las patas de sus afiebrados gatos no los alcanzamos a escuchar porque ya habíamos doblado la esquina de Augusto Arango y Maceo. En fin, en una situación así, después de conocer cómo reaccionan las mujeres al contacto con las ranas, debió ser una especie de cataclismo.

Al siguiente día, rumbo a la escuela debía pasar por la esquina de la casa de la Gata y miré con disimulo. La puerta estaba abierta, desacostumbradamente, pero nada anormal. En la tarde supimos lo de la ambulancia que  la llevó al hospital y los gatos rondando por el barrio. Supimos que habían tenido que correr con ella  porque le dio un patatús de locura.

Aquel, que fue el último capítulo de la maldad de cartuchos con ranas y nosotros cagados del miedo a lo que podría ocurrir si le pasaba algo a la Gata y nos atrapaban por ello, nos hizo comprender que los juegos tienen sus límites.

Hoy día es distinto. Los niños de ahora no son como fuimos mis amigos y yo; sus intereses son distintos completamente, son otros. Hoy los ve frecuentando lugares para adultos o tratando de tumbarle dinero a un extranjero o vendiéndote una copia falsa de un artículo de marca o vendiéndote la dirección donde puedes encontrar “amor”barato. Hoy son adictos al sexo, el reggaetón y las fiestas. Si les preguntas quién es el enemigo contestan de inmediato: Los  Yanquis. Si les preguntas qué regalos  recibieron de los Reyes Magos te miran con cara de haber visto un ET y te sueltan: ¿Será comemierda el tipo este?

Los niños de ahora no son iguales, carecen de fantasía, de espíritu infantil, de aventurarse en naturaleza. Han quemado etapas. Carecen de fantasía, sobre todo porque son saturados de propaganda ideológica y política que disfrazan de patriotismo y aprenden a mantener el secretismo, a cuidarse del vecino y del propio amigo. Los grandes, en su febril batallar por conseguir lo imprescindible, no se cuidan en mantener lejos de sus oídos infantiles sus problemas para adultos y a la larga los envenenan con problemas.

Los niños cubanos hablan de otros temas que no son los mismos que dominábamos nosotros. Son niños más “grandes”, más adultos, son realmente, menos niños, son pequeños niños grandes. No leen historias de caballería, ni de fantasmas, ni océanos cruzados por grandes veleros; crecen muy de prisa.

Los niños de ahora se han perdido todas aquellas diversiones que tuve yo y mis amigos del barrio del Sol, del Faro, de la Reguladora, del Hotel Comercio, de la botica de Roque…aprenden a odiar a un enemigo que ni siquiera llegan a conocer estudiando la historia de su país porque ciertos jefes del estado la han arrancado de los programas de las escuelas.

Alguien ha cambiado a los niños de hoy. Algo ha cambiado a los niños.

Jorge B. Arce



jueves, 10 de noviembre de 2011

Excursión a Cayo Romano.


Cayo Romano es el más importante de todos los que flanquean por el Norte a la ex provincia de Camagüey. Hallado al Oeste de extremo más alejado del Cayo Sabinal y al que se llega en un colorido y excitante viaje en una pequeña embarcación desde la bahía de Nuevitas siguiendo una ruta al Norte de Cayo Sabinal serpenteando su costa. Las aguas que lo rodean son poco profundas y cristalinas, arenosas, increíbles. En ellas encontramos un sin número de especies marinas en peces, tortugas y careyes, estrellas de mar, cobos y erizos. Resultan inigualables para el buceo a pulmón libre o snorkel.

Conocí a Cayo Romano por primera vez cuando transitaba el 7mo. Grado de la escuela secundaria de Nuevitas por allá por 1964 ó 1965 en ocasión de producirse una excursión con intereses vocacionales con los alumnos pertenecientes a los grupos de interés vocacional activos, los que aglutinaban a los estudiantes que se interesaban por determinadas materias y disciplinas del conocimiento.

Inquieto, como siempre he sido, recuerdo que batallaba por olisquear y fisgonear anotándome en todos los grupos de ese tipo que se formaban. Recuerdo que participaba en el de Historia, Geografía, Espeleología, Meteorología y Pesca y reconozco que eso resultaba chocante a algunos de mis compañeros que pensaban que era realmente un aprovechado y creo que tenían cierta razón porque el apodo de “Abarcalotodo” era el más apropiado para mi actitud. Aunque a la larga ésta me hizo muy popular entre las muchachitas a pesar de que no era un Adonis y era flaco como loco, hasta el punto que me apodaban Canilla. Pero las chicas eran así, loquitas.

Lo cierto es que en pleno esplendor de las actividades de aquellos Círculos de Interés Vocacionales, sobre todo en vacaciones, me las pasaba desandando por lugares que jamás hubiera visitado si no hubiera participado en esas actividades; desde la Gran Caverna de Santo Tomás en la Sierra Najasa, pasando por los Canjilones del Río Máximo hasta el mismo Cayo Romano que abordo en este escrito.

Saltando los detalles organizativos y de control administrativo, recuerdo que llegó el ansiado días de navegar atravesando la bahía hacia la Boca de Carabelas, así llamada la entrada de la propia Bahía de Nuevitas que es de bolsa con un solo acceso angosto, y admirar de cerca todos esos lugares, cuando la noticia del cambio en la ruta nos derrumbó el ánimo completamente. Resultaba que por indicaciones de las tropas guarda fronteras, se debería cambiar ésta por otro lugar y no por la Boca, lo que significaba que nos perderíamos ese bello lugar y los Salteadores, que es la sensación que se siente en un bote pequeño en el sitio donde chocan, por así decirlo, las corrientes entrantes del océano hacia la bahía y de ésta hacia afuera, lo que produce saltos escalofriantes.

Este cambio en la ruta significaba que atravesaríamos la bahía hacia el Oeste para salir de ella por unos Bajos que son llamados “La Retinga de la Mierda”. Se trata de una especie de canalizo artificial hecho hace muchos años para el uso preferentemente de carboneros que hacían su trabajo en Cayo Sabinal y traían sus cargamentos por esa ruta en patanas que son una especie de plataformas de carga de poco calado y excepcionales para ese tipo de aguas.

Otro elemento discordante vito en el momento en que abordamos la embarcación, llamado modelo Sigma de unos 30 pies de eslora, aparte de los alumnos y los dos profesores, era un joven uniformado de verde olivo, de baja estatura y barbilampiño armado con una subametralladora muy en boga en aquella época proveniente de la entonces Checoslovaquia. Y este soldado de verde olivo qué papel pintaba en esta excursión, se escuchó preguntar. Bueno es para defender a los muchachos de un intento de secuestro de los mercenarios de Miami fue la respuesta que otro militar que acompañó al barbilampiño a la profesora Nancy Vázquez que nos acompañaba.

Una de las cosas más prometedoras de aquella excursión que alcanzaría una estación experimental de crianza en cautiverio pues su uso comercial de Caguamas, Careyes y tortugas y convertirse en un renglón económico conveniente para los ingresos locales. Entre paréntesis, aquel programa fracasó. No sé realmente los motivos pero los supongo por depender de las mismas arbitrariedades políticas que al paso de los años se han convertido en una especie de burda moda de dirección económica.

Retomando el tema, era todo un evento en aquella época, con tal edad y con un grupo mixto de hembras y varones, pasar una noche fuera de casa y en un lugar bastante inhóspito. De modo que nos armamos en nuestro bolso de viajes de los materiales acopiados con días de anticipación dispuestos a vivir una emocionante aventura muy lejos de interiorizar en la importancia económica de la reproducción de quelonios en cautiverio.

Después de abordar la embarcación en uno de los muelles de madera de la bahía en el mismo pueblo, bautizado como La Salina hasta su desaparición. El bote era suficiente espacioso para todos nosotros, pues éramos unos 15 en total, provisto de motor y de vela y de poco calado, ideal para pescar en la plataforma insular. Nos acomodamos en la cubierta y zarpamos. Por supuesto, nuestros familiares nos dieron el adiós de siempre desde el muelle moviendo las manos y muchos llorando como si nos fuéramos a la guerra y no a una criollísima excursión por un mar tranquilo.

Salvo un pequeño incidente que resolvió el “patrón” o capitán del bote cuando un par de horas después atravesábamos la famosa Retinga de la Mierda hacia el canalizo en fondos muy bajos y un poco cabrón porque “se le iba la marea”, lo que significaba que estaba bajando porque salimos tarde, como siempre, y eso hacía descender los niveles de fondo y representaba un peligro de quedar varados.

No puedo omitir un detalle visual que nunca olvidaré y es la perspectiva de observar el pueblo donde vives, sus calles, casas y otros detalles desde otro ángulo. Esas imágenes han quedado nítidamente grabadas en mi mente.

El incidente se produjo porque la quilla del bote rozó un par de veces el fondo, y aunque no era peligroso totalmente porque el fondo arenoso no ocasionaría averías en el casco, sí podíamos quedar varados hasta que no subiera la marea en la noche. De modo que el patrón dejó a su ayudante al timón y se lanzó al agua con un cabo en las manos y comenzó a andar lentamente delante de la proa con el agua apenas al pecho. Ese fue el momento propicio que el capitán aprovechó para demostrar por qué a aquel sitio le pusieron el nombre que le pusieron, invitándonos a saltar al agua y determinarlos por nosotros mismos.

Por supuesto, entre los que saltaron estaba yo sin falta y la sorpresa que me llevé una vez de pie fue que parecía que estaba sobre una gran plasta de mierda. Les aseguro que no había una falsificación de los excrementos humanos más convincente que aquella, justificado estaba el nombre.

Años después por esos mismos lugares fue construido un pedraplén para unir por tierras la isla con Cayo Sabinal y acceder a la playa Los Pinos, un sitio de ensueños.

Durante el paso del canalizo a mar abierto, atravesando un paso peatonal cortado por un puente levadizo donde había situado un punto de guardias guarda fronteras, el que nos acompañaba, que debía ir hasta el puesto a unos 50 metros en un cayito y reportar el viaje, perdió la subametralladora que cayó de sus hombros al agua en su intento de alcanzar el puente desde el bote. La maniobra errática le costó cerca de una hora sumergiéndose continuamente para tratar de llegar al fondo y recuperar el arma en medio de una fuerte corriente que le sacaba varios metros hacia afuera cada vez que lo intentaba por el cambio de marea. Tuvieron que atarle una cuerda a la cintura desde el bote para tirar de él cuando salía a la superficie luego de cada intento hasta que logró extraerla y darle su merecido mantenimiento de limpieza y engrase antes que el salitre diera cuenta del arma.

Pero puedo asegurarles que de mis recuerdos de aquella excursión, el más significativo fueron los que se produjeron cuando un grupo de delfines se acercó al bote.

Navegábamos a motor a la altura de Cayo Guajaba, situado entre Sabinal y Romano cuando alguien gritó: ¡Miren, Toninas!. Ese era el nombre con que se conocía a los delfines por aquellos lugares. De modo que aquellos peces de 5 – 6 pies de largo que nadaban tan rápidamente como avanzaba el bote, eran delfines, que suelen hacerlo cuando se aproximaban los botes.

No puedo recordar por qué motivos; supongo que querría envanecerse delante de las muchachitas y de los demás al actuar como un cowboy, lo cierto es que no puedo olvidar cómo con una mano sujetándose del bote y con la otra la metralleta, le hizo varios disparos  uno de los delfines. La respuesta a este acto asesino no se hizo esperar; la maestra y las muchachas empezaron a decirle cosas al mequetrefe con uniforme verde olivo condenándolo por aquel acto inhumano. Me pregunto cómo habrían reaccionado ahora unas personas como aquellas, después de conocer tantos datos de interés sobre los delfines y de sus asombrosas cualidades de acercamiento a los seres humanos, porque si entonces, cuando la mayoría de estos detalles de estos animales eran ignorados el disgusto fue de esa magnitud, cómo en las condiciones actuales.

En aquella época la perspectiva con que se interrelacionaba con los peces era muy distinta a la actual, más en Cuba. Un pez atrapado de cualquier forma era un trofeo y su suerte era la muerte, sin importar mucho el beneficio que podría brindar esta muerte. De modo que aquella acción defensiva, puramente espontanea, demostraba la calidad y limpieza de las almas que la protagonizaron.

Casi cayendo la tarde llegamos a Cayo Romano, justamente en la estación de cría de tortugas y el chapuzón en aquellas transparentes aguas y de arenas muy blancas no esperó más para refrescar del sol tomado todo el día. La alimentación estaba siendo asegurada por los maestros y el patrón y consistió en pescado y caguama frita que comimos con gran fruición aún con el cuerpo pegajoso por el agua salada y a la luz de la fogata en cuclillas como unos indígenas. Resultó un verdadero manjar a pesar de comer con cuidados por las espinas en medio de la oscuridad.

La maestra guió a las muchachas hasta el barracón donde estaba improvisado su dormitorio y los varones nos dirigimos guiados por el maestro hasta un cobertizo donde pasaríamos la noche.

Colgué mi hamaca entre dos horcones que sostenía parte de un techo de pencas de palma y a mi cabecera habían colgados varios racimos de hueva de carey puestos a secar; así que sin moverme pude disfrutar de ese manjar en veda permanente actualmente, mientras disfrutaba de la oscuridad de la bóveda celeste salpicada de múltiples estrellas y pensando en la real posibilidad de que durante la noche me cayera encima un alacrán pues les agrada refrescarse del calor del sol entre las pencas de guano. Con esos pensamientos me quedé dormido hasta las primeras luces de la mañana.

El siguiente día transcurrió hasta el mediodía que fuimos a almorzar, en recorridos por los cercados donde se hallaban los quelonios y en explicaciones bastante burdas de cómo se les atendía y esas cosas. Nosotros no hicimos muchas preguntas como se esperaba, pues solo teníamos puesta nuestra esperanza en la posibilidad de regresar por la Boca como resultó al final, después de que se recibiera por la planta del Sigma la instrucción de que podíamos hacerlo por ese lugar. Después de la noticia la visita de instrucción pasó a segundo plano, se perdió el poco interés que quedaba y los maestros se decidieron a regresar.

El regreso fue espectacular y el custodio estaba advertido de que no podía atreverse a hacer una cosa como la que había hecho con los delfines. Puedo decir que el recorrido bordeando el Norte de Cayo Sabinal y disfrutando de todos los kilómetros de playas salvajes espectaculares fue un suceso inolvidable y ninguno de los muchachos habíamos visto una cosa semejante. Fue realmente maravilloso y al llegar a Boca de Carabelas aún con el sol en lo alto, enseguida quisimos bañarnos. El deseo de hacerlo tuvo que ser reprimido momentáneamente, porque al  fondear muy cerca de la orilla de la playa con un blanquísimo fondo de arenas blancas, habían varias barracudas nadando en aquella especie de piscina natural sin mostrarse deseosas de abandonar el lugar por haber anclado el bote. Nadie se atrevía a lanzarse al agua con esos bichos allí que podíamos ver desde la cubierta y aunque el agua suele engañarnos respecto al tamaño de los peces, la más pequeña debía tener al menos unos tres pies lo que es suficiente para una mordida terrible.

Pasaban los minutos que nos parecían horas y nos decidimos a tirarnos todos a la vez con mucho alboroto y golpes en el agua y así lo hicimos al conteo de 3. Afortunadamente los peces desaparecieron y pudimos disfrutar por una media hora de aquella formidable playita pues los maestros nos apuraban porque debíamos regresar antes de la noche.

Los famosos Salteadores no los sentimos porque estábamos extenuados y medio dormidos aun con el malestar que provoca el agua salada cuando se seca en la piel que estaba escamosa de tanto salitre desde el día anterior.

Como era de esperar, nuestros padres nos esperaban medio desesperados en el muelle de la Salina junto a otros personajes que no conocía aún y cuando sabían que estábamos  todos bien porque el patrón mantenía comunicación constante con el distrito de Guarda Fronteras.

Así concluyó aquella excursión que fue más festiva que vocacional pues a nadie le interesaba estudiar nada que tuviera que estar “anclado” en un lugar como aquel donde estaba la estación de cría artificial de tortugas donde habíamos estado el día entero. En el propio muelle se nos notificó que quedaba arreglada la visita al Faro de Maternillos porque el lugar merecía que se le tomara interés por preservarlo y a la revolución le competía incentivar el amor de los nueviteros por encargarse del faro.

Jorge B. Arce

lunes, 7 de noviembre de 2011

Insaciable curiosidad temprana.

Un niño que vive junto al mar y crece junto al mar, se convierte en un fiel amante de éste y lo tiene entre sus mejores amigos de manera inconsciente durante toda esa etapa porque no es  capaz de razonar con profundidad filosófica aún. Solo sabe y siente que quiere estar junto al mar y hacer las cosas que se suelen hacer en el mar; lo hace su inseparable compañero de juegos, entretenimientos y aventuras de todo tipo, a veces hasta con riesgo para su salud y su vida.

Uno de los primeros olores percibidos en mi niñez fue el del mar, el salitre y otros olores relacionados como el del pescado, el calafate, que es una sustancia que se usaba o usa para sellar las junturas de las maderas que arman los cascos de las embarcaciones de ese material; se prepara tomando la brea como principal aditivo. Tuve el privilegio de vivir mis primeros 16 años de vida en una casa situada muy cerca del mar. Desde el portal de mi casa, situada en una elevación de roca caliza cortada a ras para permitir la calle, con acceso por una escalera de 15 escalones que daba justo a la calle, podía contemplar el mar a unos escasos 400 metros. Podía ver si estaba quieto o movidoy así determinar si tomaba mis avíos y me iba a lanzarlos bajo el muelle de Carreras. Es cierto que no estaba edificada sobre pilotes encima mismo del mar, pero a mí me bastaba con eso a vivir lejos del mar. Era una zona del litoral poblado parcialmente de casas de pescadores que le robaban espacio al mar en la pedregosa orilla erigiendo sobre troncos un retablado donde construyeron sus casas muy humildes. Eran de recortes de madera hallados aquí y allá y sus techos de planchas de zinc que sonaban grandiosamente rico para dormir cuando llovía.

Como población erigida en el interior de una bahía de bolsa, Nuevitas estaba sumergida económicamente en la dependencia que le brindaba a sus fuerzas productivas derivadas de la actividad comercial de importación de mercancías a través de 3 principales espigones separados a pocos kilómetros entre sí: Tarafa, Pastelillo y Bufadero. A través de estos se embarcaban hacia cualquier parte del mundo, principalmente hacia los Estados Unidos, el azúcar de caña embasado en sacos de yute en operaciones mayormente hechas manualmente dependiendo en cierta medida de las grúas o winches de los propios buques. También se exportaban cargamentos menos importantes de frutas tropicales, cítricos principalmente como naranjas y piñas.

El otro apéndice económico de Nuevitas, parte importante del sustento de su población era la pesca en la plataforma insular, mayormente en zonas cercanas a las inmediaciones de los cayos cercanos al Norte de la bahía, o sea, Guajaba, Romano y Sabinal. Y claro, con una pequeña población alimentada por el arribo de buques mercantes armados por americanos y griegos, mayormente, también proliferaban los prostíbulos reconocidos oficialmente con todo tipo de comodidades colaterales a la industria del óseo y el placer. También existían otros menos suntuosos o equipados pero igual de lujuriosos en ciertas cuarterías de la calle Lugareño, una arteria que nacía junto a la playita del Carbón y continuaba hacia el otro extremo del pueblo paralela a la vía férrea que unía a Nuevitas con la ciudad de Camagüey.

En este contexto socio-económico cualquier niño que creciera en medio de él estaba obviamente expuesto a realizar sus primeras correrías con estos matices y yo no soy una excepción.

El interés por el sexo en los varones comienza muy temprano en la vida. Ignoro cuánto antes o después de las damas, pero sí les aseguro que los primeros impulsos están relacionados con las personas de la familia más allegadas, con las maestras, y con los dibujos o fotos que nos caen en las manos. Es como un latigazo en el estomago y más abajo sin que se comprenda el significado. Luego se investiga, se pregunta, se mira…y después de explorar, se practica. Así de simple. Por supuesto que todo esto es en el más absoluto secreto. Acerca de este tema vemos desde que despegamos los parpados una nota de prohibiciones y tabúes que no sabemos cómo intentar tocar el tema sin que nos caigan a cocotazos o nos manden a dormir inmediatamente con la célebre frase: “…pero que niño mas pendenciero, coño!”. Pueden estar seguros que por cualquier descuido nos cae una revista en las manos donde aparecen unas rubias exuberantes con unas…que dan ganas de nacer de nuevo. Yo cazaba los momentos en que el vendedor de revistas del estanquillo se entretuviera con otro cliente para mirar de refilón las que tenía allí prohibidas expresamente para menores.  Así que lejos de ruborizarnos, el secreteo del tema nos impone un aguijón constante por saber, por ver, por tocar. Es, les aseguro, completamente insoportable.

De modo que más temprano que tarde el entorno social acompañado del proceso químico natural que lentamente se está produciendo en nuestro organismo sin que lo notemos y sin que nuestros familiares se tomen el trabajo de explicarnos, nos vamos atiborrando de cantidades enormes de hormonas masculinas que se incentivan con unos ojos grandes, un trasero bajo un pantalón ajustado, una cintura fina o unos sostenes colgados de una tendedera hasta el olor que despide la piel de nuestra compañera de clases. Es un inmenso y misterioso pequeño gran mundo que tenemos dentro y que se esfuerza por brotar y ponerse en contacto con todo el mundo circundante. Esa curiosidad que late en ti constantemente te hace acercarte a las personas, los sitios y otras alternativas que te sugieren se conviertan en una forma de saciarlas.

Un pequeño grupito de nosostros, niños-adolescentes, más niños que lo otro, después de la comida nos reuníamos a conversar en la escalinata que rodeaba entonces al cine Campoamor, situado apenas a dos cuadras de mi vieja casa. Siempre nos acercábamos a alguna pareja de adultos que sabíamos podíamos preguntarles cosas “difíciles” de responder, con la certeza de que nos contestarían sin que tuviéramos que ponernos colorados de la vergüenza si lo hubiéramos preguntado a nuestros padres, por ejemplo. Lo que no sabíamos entonces es que estos medio-adultos, medio-poca-cosas, muchas veces, la mayoría, exageraban las respuestas cuando no las tenían y nos decían los disparates mas inmensos de la vida que puedan ustedes imaginarse y que por pudor no repito en estas páginas. A nuestras preguntas surgían las más extravagantes respuestas que con el tiempo, al recordarlas, me meaba de la risa. Claro, entonces eran nuestros maestros del sexo. Entiendan ustedes que un niño tiene todo lo que posee un hombre menos cerebro; así que no sabe qué hacer con todo ese armamento y mucho menos dónde y cómo usarlo en caso de que tenga a una dama delante. Era un verdadero torbellino de preguntas y respuestas que no conducían a nada y por los “alrededores” no había nadie capaz de enseñarnos. Ignoro si estos maestros improvisados nos decían disparates para burlarse de nosotros o tampoco ellos habían visto nada parecido a eso a menos que hubieran mirado hacia atrás cuando nacieron. Frases  como esta eran las que acostumbraban a añadir de cualquiera de nosotros como presentación de nuestra virginidad de cuerpo y de espíritu.

Casi todas las noches después de las 7, hacíamos de ese espacio de la escalinata de entrada al cine, un sitio de ciertas y determinadas tertulias salpicadas de miradas furtivas a las piernas y…algo más, de las damas que subían para entrar o bajaban al salir del cine pasando a nuestro lado; algo se pegaba hasta lo de “mirones” u otros epítetos que algunas de ellas, enteradas, se encargaban de soltarnos con la cara roja de ira. Nosotros nos reíamos para soltar la presión en esos casos, costumbre que aderezaba las nutritivas conversaciones que sosteníamos que giraban alrededor de cómo lo tenían las mujeres, si así o asa ‘o o si gritaban y se quejaban cuando… y otras preguntas que no me explico de dónde las sacábamos, supongo que de otras conversaciones o de aquellos graciosos que se reían de nosotros exagerando todas sus respuestas.

Estas conversaciones provocaron que un primo que tenía, _fellecido años más tarde en un accidente de moto_, que le decíamos Masacoro de  nombre Reynaldo, hijo de una tía mía, me sugiriera una forma para enterarnos de estos particulares sin que nos estuvieran mintiendo como decía él que lo hacían nuestros maestros callejeros. Debo confesar que Masa siempre fue muy avispado, mucho más que yo. Así que confié en lo que me dijo y que consistía que en el prostíbulo de Las Puyas, situado en las carretera hacia el puerto de Tarafa, más de 1 kilómetro y medio de distancia, habían  cuartos que poseían agujeros desde donde podíamos fisgonear.

_Estás loco?, le pregunté. Y continué, si nos cogen allí…!!!.

_Nadie tiene que vernos, chico, lo haremos de noche!

Aquello era escalofriante para mí porque no me había separado de la casa a tanta distancia durante la noche. Si mis padres se enteraban estaba jodido por una temporada sin pelota, sin pesquerías, sin libros y la entrada a cintasos sería de madre. Pero estos miedos fueron mitigados por la explicación de Masa persuadiéndome de que nadie nos descubriría porque alguien le había dicho cómo y por dónde llegar al lugar exacto. Según Masa, ese alguien ya había “mirado huecos” y nadie le había descubierto. Solo había que cuidarse de la pareja de la rural que siempre iba por allí.

Lo más difícil del plan, pensábamos, era que fuésemos vistos mientras nos aproximábamos a Las Puyas, porque era un sitio prohibido estrictamente a los niños. Debido a que se encontraba a cierta distancia de la parte poblada, había un espacio sin casas, con grandes arbustos a ambos lados de la carretera, por donde teníamos que avanzar al descubierto y podíamos ser vistos por las luces de los carros que iban o venían por la misma. Decidimos que cuando descubriésemos que alguno se acercaba, nos ocultaríamos temporalmente en los arbustos del borde de la vía y al pasar proseguiríamos. Solo teníamos 9 o 10 años, lo que significaba que era una tarea extremadamente extenuante para nosotros pero la curiosidad mató al gato.

Solamente la eventualidad de que mi madre se enterara que me había acercado a aquel lugar prohibido expresamente, suponía el peor de todos los castigos y la paliza que recibiría como Premium. Respecto a mi padre no estaba tan seguro de cómo lo tomaría porque siempre estaba dispuesto a incentivar mi masculinidad embrionaria. Eran los tiempos del machismo plenamente identificado con la paternidad.

La edificación que cobijaba aquel prostíbulo, _al que nunca entré, lo juro_, estaba construida de madera y techos de planchas de zinc. Eran dos edificaciones más largas que anchas ubicadas una muy cerca de la otra. Se hallaban rodeadas por ese tipo de maleza que crece silvestre cercanas a las zonas del litoral cubano, incluidos algunos especímenes del llamado Guao y Guao de Costa, lo cual significaba un peligro porque te produce ulceraciones en la piel e inflamación, por lo que había que andar con cuidado en los espacios que tendríamos que atravesar por dentro de la maleza.

No voy a cansarlos recordando cuántos tropezones y arañazos nos dimos en medio de la oscuridad caminando entre aquellos arbustos y aguantando los quejidos del malestar y el sudor que se nos metía en los ojos a través de las pestañas. Unas de mis rodillas me ardía de un rasponazo sufrido y alterado por frotármelo con las manos sucias.

Ahora el problema no previsto era encontrar en aquella jodida oscuridad el o los agujeros anunciados por Masacoro y poder tomar una clase gratis de sexo. Era como buscar una moneda de un centavo en la arena de la playa. Nos encontrábamos moviéndonos unos tras el otro, guiándonos en la oscuridad deslizando las manos por las tablas de las paredes y buscando la luz del interior que supuestamente saldría a través del agujero del anuncio, asi que debieron ser esos sonidos los que pusieron en alerta a los que se hallaban en el interior, porque al cesar la música y las carcajadas de aquellos, supusimos que se ponían de acuerdo para atraparnos. Dos o tres sombras alcanzamos a ver al extremo opuesto del sitio donde estábamos. Pero lo que sí ciertamente hizo que casi me cagara en los pantaloncitos cortos fueron dos estampidos de armas de fuego que casi sentí en una oreja. Salimos en estampida hacia donde se hallaban unos carros parqueados a un lado del terraplén y donde quedamos petrificados porque los faros de uno se encendieron de repente.

_Pero si son unos chamas, viejo! Guarda la pistola !., le dijo un tipo al que supuestamente estaba armado y que luego vimos que era un policía de los vestidos de azul oscuro y con gorra de plato, al que cuando estuvo cerca identifiqué con el que veía casi todos los días en el bar El Sol tomando una taza de café.

_Oye, fulano, mira quién es éste, es Casimirito, de los Arce!

_Qué estaban haciendo, cabrones? ¿ Ustedes no saben que aquí no pueden venir culicagados ?.

_Seguro que estaban mirando huecos !.- dijo un  tercero desconocido desde la oscuridad.

Aquel episodio pudo haber terminado de manera fatal, como pueden imaginarse, pues supimos más tarde que la guardia rural estaba tratando de sorprender a gente que realmente se dedicaba a fisgonear las andadas de los visitantes del sitio mientras intercambiaban favores sexuales por dinero. Recuerdo que cagado del miedo y llorando, iluminado por los faros del carro patrullero que estaba allí seguramente cumpliendo con su deber, el policía me sacudió el pelo con brusquedad cariñosa, mi clásico cabello lacio a lo chino que Dios me dio y dijo:

_Ni se les ocurra otra vez hacer lo que han hecho hoy, porque las putas tienen órdenes de meter punzones por los huecos hacia afuera para acabar con los mira huecos. Así que podrían terminar tuertos!

_Ahh!, y mañana se lo digo a Casimirito, para que lo sepas, culicaga'o  , tan chiquito y mira hueco .

Por qué me diría mira hueco si al final nunca pude mirar por ninguno? No supe si cumplió su amenaza de decirle a mi padre sobre el hecho. Lo cierto es que salí sin un cintaso de aquella aventura nocturna en nuestro recorrido por Las Pullas, mi primer y único encuentro con las putas!, y las preguntas sin respuestas siguieron rondando en mi cabecita adelantadita por un tiempo más.

Jorge B. Arce