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viernes, 26 de agosto de 2011

Esteban y Roberto.





Recientemente escuchaba a dos personalidades cubanas del exilio político en Miami. Una ex presa política ella, un periodista y analista político él _lamento no tener certeza de cualquier otro título que esta personas ostentes_. Ambos comparecían invitados a un programa de análisis de la noticia actual, sobre todo la que versa sobre Cuba, y mantenían posiciones encontradas de opinión respecto a la visita y ejecución de un concierto musical del Sr. Pablo Milanés. Las posiciones de ambos exponen filosas aristas, pues en un caso se inclina a que ese cantautor cubano es un representante genuino de la dictadura castrista y lo ha demostrado durante todos estos años con su actitud y con la letra de sus composiciones referidas a las figuras más aborrecibles del régimen. Últimamente ha adoptado una posición relativamente crítica acerca de determinados temas y lo ha hecho público sin que haya ocurrido consecuencia alguna sobre su persona.

La opuesta descansa en esta premisa y en el derecho que tienen los residentes de los Estados Unidos, cubanos o no, de escuchar su música, así como el derecho que tiene Milanés de exponerla aquí.

A partir del momento en que se hizo público la programación del concierto de Milanés en el Arena, se ha convulsionado una serie de opiniones entorno. Desde personalidades conocidas hasta la gente común en la calle. Son parciales, no puede decirse que una mayoría lo desea o no, simplemente dentro del conglomerado de personas que residen aquí existen quienes son admiradores de su obra y otros optan por anticipar su participación personal alrededor de los líderes de la nomenclatura que su música.

Lo cierto es que fue invitado, recibió visa por el Departamento de Estado y de los administrativos del sitio donde efectuará su concierto, quiéranlo o no sus detractores y seguidores. Es un hecho en una sociedad abierta como la estadounidense.

Pero este tema lo saco a colación no por la música de Milanés, ni por el empresario que lo invitó y tampoco porque cierto sector de la comunidad lo detesta o lo aman, sino porque está presente un sentimiento humano que hace mucho daño a todas las personas en sus relaciones individuales, a las parejas, a la familia, a la sociedad: La intolerancia.

No se pretenda que confundo intolerancia con despreocupación o desinterés. Por ejemplo: Ante la visita de Milanés a Miami Esteban X puede sentirse ofendido porque identifica a este autor musical en un emisario político e ideológico del régimen de La Habana, el mismo que lo condenó a privación de su libertad por expresar sus pensamientos contrarios al gobierno. Esteban se siente víctima del gobierno y Milanés representa al mismo gobierno ahora, es como si se personara ese gobierno en Miami y se riera en su cara.

Hay que entender  este punto y colocarse en los zapatos de Esteban que estuvo prisionero y maltratado por años, incapaz de defenderse y condenado por un hecho que representa lo más sublime del ser humano, el pensamiento. Las horas, días, años de dolor y sufrimiento en una prisión cubana no se borrarán jamás de la conciencia de Esteban, el expreso político. Ese rencor es humano, no diabólico. No es el resquemor que pueda sentir un hombre condenado por robo y luego en libertad; éste se apropió de lo ajeno para su beneficio personal, es justo el castigo. El otro pensó distinto al régimen y lo expresó, la condena representa un ataque a su libertad verdadera, la de conciencia.

Si este Esteban se muestra deseoso de protestar por este concierto está en pleno derecho constitucional de hacerlo sin alterar el orden público. Es un precepto constitucional, es un derecho de ejercer la libertad de expresión valiéndose de instrumentos idóneos. No debe ser objeto de crítica por esa conducta de llevarla a vías de hecho.

Roberto es otro caso, distinto completamente. Llegó a Miami por el sorteo y no desarrollaba ninguna actividad política de oposición al régimen de La Habana mientras vivió allá. Está aquí en la búsqueda de la  oportunidad de esta gran nación y trata de mantenerse al margen de la política; no le interesa, vive sin ella. Es justo, es libertad. Es joven y siempre admiró a Milanés a pesar de que no le gustaba que ofreciera loas al comandante en jefe, pero era su problema. Seguro irá al concierto y en vivo revivirá algún romance al compás de la música que nunca ha olvidado.

Este Roberto ha venido a un país libre, donde nadie tiene prerrogativas como en la isla de preguntar si vas a o no a la marcha del pueblo combatiente o a votar por los mejores o al 1ro. De Mayo. Todo lo contrario, vive en libertad y la ejercerá haciendo lo que le gusta porque no tiene compromisos. No tiene compromisos.

Un ex preso político sí tiene compromisos aún y cuando en el plano personal perdone a los alabarderos del régimen que lo pateaban en la prisión de Boniato o Kilo 7; su compromiso es con su conciencia, la misma que le hizo vencer el terror de estado y demostrar que pensaba distinto porque tenía el derecho de pensar distinto.

Esteban irá al concierto y se colocará donde Milanés no deje de verlo y mostrará su inconformidad con su concierto, con su presencia y le recordará que tiene el derecho de hacerlo sin que la policía de Miami lo encarcele por ello porque lo hace con respeto y con SU PROPIA AUTORIDAD DE SER HUMANO.

Esa es la diferencia.

Tanto Esteban como Roberto deben tolerarse porque eso los hará más grandes, más generosos, más respetados.

Jorge B. Arce

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