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lunes, 29 de agosto de 2011

Adeversarios políticos, no enemigos.



Los últimos días en Miami han estado cargados de la polémica surgida por la visita y concierto de Pablo Milanés. Como siempre que pone los pies en esta ciudad un sujeto que ha estado identificado con el régimen de La Habana, los ánimos se caldean inevitablemente, coexistiendo parciales al personaje y detractores que no olvidan esos lazos fervientes pero que tampoco quieren admitir que todos los hombres son libres de pensar y actuar.

No digo que haya que olvidar, es lógico que siempre que alguien se sienta o sea víctima de un proceso como el cubano, es genuina y legítimamente admisible su descontento cuando algún personaje vinculado directamente al régimen ponga los pies en Miami. Pero, por qué Miami?, por qué no ocurre similarmente en otros sitios? Definitivamente esta ciudad agrupa la mayor parte de los cubanos exiliados y ello implica que la factura sea muy variada cualitativamente además de cuantitativamente. Pero además Miami tiene una historia reciente estrechamente vinculada al exilio cubano. Este se inició aun antes del triunfo de la revolución de 1959, pero es a partir de esta fecha en que se desencadena el gran éxodo de cubanos de todas partes de la isla hacia esta parte de la Florida y miles de cubanos se asentaron en esta región con sus familias completas y otros hicieron sus familias aquí. Entonces Miami no era lo que es ahora, solamente una parte del centro y las playas gozaban de superestructuras. El resto no estaba conformado como ciudad metropolitana y abundaban los pastizales del ganado, humedales y brazos de las Everglades.

Con el trabajo de los exiliados cubanos y otros, la geografía de la región ha cambiado y han surgido nuevas ciudades residenciales e industriales. Eso es innegable. De manera que el exilio cubano considera a Miami como propio de forma moral, como la “otra isla” al no poder disfrutar de la grande.

Este sentir está asociado al rechazo que una parte del exilio expone cuando se produce una visita como la de milanés aunque algunos se empeñan en distorsionar esa realidad y mostrar al exilio, con el nombre de histórico, como un exilio activo pasado de moda.

No estoy de acuerdo con esta posición. Ciertamente en los últimos años, debido al imparable éxodo de cubanos hacia esta región, llegan cubanos que son fruto de la sociedad imperante en Cuba. De modo que no puede esperarse que reaccionen igual a los primeros. No hay que olvidar que la plataforma propagandística diseñada por el régimen y activa desde hace 50 años, se encarga de tergiversar la realidad histórica imprimiéndole un giro estrictamente diseñado para sus intereses. Esos cubanos arribados en fecha más reciente no se manifiestan de manera similar porque sus intereses y conceptos no son iguales. No deben culparse porque son el resultado del soporte instructivo-metodológico imperante en los sistemas de educación. Haría falta un tiempo razonable para que estos nuevos emigrantes disfruten de la oportunidad de informarse, comprobar, comparar y alcanzar el acceso a la verdad de una manera razonada, no impuesta. Entonces las reacciones deberían cambiar indiscutiblemente.

El Sr. Carlos Alberto Montaner, periodista, crítico, escritor y ensayista cubano publico recientemente una escrito en El Nuevo Herald acerca de la visita y concierto de milanés. En el mismo resaltaba una cuestión muy importante: Que Milanés había declarado públicamente su rompimiento con el régimen; que aceptaba la pluralidad y las diferencias dentro de una sociedad sin la necesidad de considerarlos enemigos y que no ha dejado de ser comunista, que está comprometido con el Socialismo aunque no está dispuesto a callar ante las cosas mal hechas.

El análisis de este punto es importante porque en un proceso de cambios y transformaciones como el iniciado en la isla en 1959 y centro de América Latina durante los años 60’-70’, con una efervescente sociedad comprometida con misiones en el exterior a nombre del Internacionalismo Proletario, no debe sorprender que miles de personas se hayan comprometido de todo corazón con las tareas de la llamada revolución fundamentalmente en el ámbito social.

Creo que el hecho de que una persona se haya comprometido honradamente con las tareas de esa revolución sin llegar a cometer ningún tipo de delito, no puede ser reprochado porque el compromiso fue a tenor con el  criterio y certeza de que los esfuerzos estaban siendo hechos en la dirección correcta. Al decir de Montaner, Montaner y otros miles de cubanos no son enemigos, son adversarios políticos con los que habrá que convivir en la nueva Cuba.

Jorge B. Arce

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