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viernes, 26 de agosto de 2011

La polémica política.


Es difícil, sumamente difícil, examinar y juzgar una obra de arte. Imaginemos una escultura o un lienzo al óleo in abstracto. Quién pudiera decir si las formas son desligantes del todo o si los colores no representan eficientemente el entusiasmo, el carácter o el estado psíquico que representa la obra? Con respeto de los cánones representativos de cada vertiente artística, al plasmar sus sentimientos en su obra el artista materializa lo que imagina, cómo interpreta personalísimamente el tema escogido para la obra y no es tan tajante y lineal como pasa, para que no quepa dudas, de que “♪♪…la mujer de Antonio, camina así ♪♪…”a ritmo de estribillo. Hay que respetar lo que el autor sentía y los instrumentos de que se valió para expresar un sentimiento determinado.
Pero la polémica política es otra cosa y surgió primitivamente como demostraron los antiguos romanos. La justicia romana se administraba por los magistrados, que eran electos en asambleas de ciudadanos de manera directa. Se hacía en medio de una plaza de vieja Roma. Ante el magistrado acudía el demandante acompañado por el demandado sin importar que se tratara de un delito de adulterio _entonces lo era_, o de un robo de gallinas. El demandante vociferaba, voz en cuello, el relato de cómo ocurrieron los hechos_ escuchado por los curiosos y transeúntes que no prestaban mucha atención por entonces_, y las peripecias de que tuvo que valerse el supuesto ladrón para apropiarse de las aves de corral, distrayendo su atención con la complicidad de cierta mujer, que le mostraba insinuante, ciertas e íntimas parte de su cuerpo, mientras sustraían sus pobres bípedos con plumas enjaulados. Tales exigencias y argumentos no eran suficientes para que los transeúntes prestaran total atención. Tendría que saltar a la escena del podio improvisado en sala de justicia un discípulo ciceroniano aguijoneado por sus irreprimibles deseos de hacer carrera política_ y desplegar una ardiente retórica discursiva cargada de acusaciones mordaces sobre el espíritu libidinoso del demandante, zancadilleando su moralidad, y de rimbombantes epítetos acerca del desastre causado por la centuria de Leopoldo, el Centurión, al atravesar el barrio de Apolo Displicente, debido a los daños contra la propiedad de residentes y comerciantes.
Este ataque ha sido mágico; aún no termina su exposición mal intencionada y desentendida del real meollo del asunto, y logra la total atención de los presentes con aplausos, gritos y rechiflas de aprobación.
La política encierra en sí misma el arte de la contemplación. Ante un hábil y elocuente político que logre concentrarnos en su discurso bien preparado durante apenas 15 minutos, no dejaremos de recordarlo con frases como ésta: “…es un mañoso, pero no puede negarse que con su locuacidad conquista multitudes.”
Esta ciencia posee el poder casi cataléptico de embriagarnos con esperanzas y anhelos, visualizando en medio de discursos ardientes, el futuro de justicia y equidad que deseamos, con el que soñamos y siempre tan lejano. La política dice y desdice, según las conveniencias. La administración actual de Estados Unidos ha estado cumpliendo estrictamente, con apego a la ley, la deportación de indocumentados detectados en el país durante los tres años de su mandato a pesar de insistentes pedidos de congelación de tales medidas administrativas. El silencio sobre el particular y la continuación de tales actos responde evidentemente que actúan por mandato de ley. Sorpresivamente la propia administración declara una moratoria a esas deportaciones excepto a personas con antecedentes criminales reos o sospechosos. Obviamente se acercan las elecciones presidenciales y el presidente se ha lanzado a la caza del voto hispano.
La política encarna la voluntad de todos y se convierte en el interés de unos pocos. Existe engendrada por el soberbio afán de “crecer” del ser humano cuando no dispone de capital para invertir para apropiarse de “capital político”, lo que es igual a Influencias. Con ese capital político construye puentes y funda universidades; circunvala la Luna y logra el crecimiento acelerado del PIB; alcanza magnitudes sin paralelo en la historia mediante un crecimiento sostenido y coloca un periscopio en el espacio…todo eso lo logra, gracias a la política, en un discurso con gasto ínfimo.
La política también toma matices. Se disfraza. De igual manera se presenta con ribetes de culto sostenido a la libertad, de liberalismo y globalización, como con ínfulas de Robin Hood repartiendo riquezas robadas a los ricos entre los pobres. O, en detrimento de la propia esencia humana, en un salvajismo nacionalista, encapuchado de una supuesta verdad de superioridad étnica y racial en toda una nación, desencadenando huracanes de pasiones primitivas y asesinas, da origen al holocausto contra judíos y polacos. Continúa su metamorfosis y de ese nacional socialismo se torna en rojo y convierte en un nacionalismo chovinista edulcorado por la doctrina de la “lucha de contrarios” y toma el nombre de totalitarismo, caricatura más humanista que el nacional-socialismo pero igual de cruel.
Ante la vaguedad e inconsistencia de ese socialismo desmerengado y la necesidad de los nuevos líderes de extrema izquierda de abarcar poder, se manifiesta un resultado más sutil, el Populismo_el nombre quizás le haya sido dado para no ser asociado demasiado con los métodos socialistas en apariencias no tropezar con los mismos escollos que el Socialismo. Sus hacedores son virtuosos del engaño, la trampa y el amañamiento, empleando viejos métodos de promesas desgastadas, de enemigo común, de saqueo sistemático de los recursos naturales, de la importancia de administrar a través del estado las principales riquezas del país y de educar a la gente, la joven, sobre todo. Estos discursos con contenido casi mesiánico y odio furibundo a las clases adineradas y al imperialismo internacional_principalmente el Yanqui_, así como de las frases Nosotros podemos, Nosotros lo lograremos, Nosotros lo alcanzaremos, Nosotros venceremos, son fijadas permanentemente como patrones sociales, repetidas en instalaciones gubernamentales, sociales, escolares y a través de los medios que han sido obtenidos y/o absorbidos por el estado populista y marchan paralelas al camino ideado por el líder para salir del sitio del tercer mundo en que se halla el país. 
Paralelamente se hacen rodear de servidores en lugar de colaboradores, que por supuesto deben reunir un único requisito: Incondicionalidad; aumentan su fortuna personal y colocan a buen recaudo; corrompen a su séquito y se dan a la tarea de construir una especie de reinado del terror en el siglo XXI. Adquieren, engrasan y ponen en funcionamiento una efectiva maquinaria de represión enmascarada en consignas revolucionarias y populistas.
El igualitarismo,_falsa concepción de la distribución equitativa y coherente de la riqueza social_, es utilizado como dogma ideológico para apadrinar los programas conocidos como “sociales”_, los que persiguen el verdadero propósito de aglutinar en torno a sí, multitudes de las personas más desposeídas. 
El continuismo de los discursos se estructuran en la repetición de los males heredados por anteriores gobiernos corruptos y ladrones, que practicaban el nepotismo y la exportación de los recursos nacionales por la oligarquía nacional y los gobiernos de las superpotencias extranjeras en complicidad con la banca internacional y otras organizaciones financieras. La labor proselitista impregnada del odio pragmático a los más pudientes, se estataliza envolviendo a los sectores de la población más necesitados, precisamente los que reciben ayuda gubernamental en planes y programas populares, mientras trazan, diseñan y dictan normas que prescriben la defensa de determinados recursos naturales y otros mediante su nacionalización y conversión en propiedad pública: Es el comienzo del fin de la Propiedad Privada.
Esta suerte de adoctrinamiento político-ideológico blandiendo programas sociales en una mano y el temor a la guerra que ha desatado la oligarquía interna apoyada por los imperialistas, en la otra, convierten a decenas de miles de personas con poca o pobre capacidad de discernimiento político, en piezas de la polémica política útiles a su ideología; se convierten en incondicional apoyo de régimen que se expande hacia adentro y energiza la vieja retórica de justificar los incumplimientos y el poco desarrollo, la inflación y otros males propios de la economía centralizada, al enemigo tenaz que no deja de atacar a la revolución popular para privarlos de sus beneficios.
Esta modalidad de polémica política, hija de la vieja doctrina comunista, pero más eficiente, avanza en las sociedades democráticas mediante la conquista del voto popular. Es una táctica de una efectividad a toda prueba porque, valga la aclaración, la mayoría cuantitativa de los votos posibles serán, de manera inobjetable, los correspondientes a las clases sociales más pobres: Blancos del discurso populista. Más adelante, mediante maniobras de distracción_sobre todo relacionadas con la defensa nacional contra un ataque, un desastre natural, un eventual rompimiento de relaciones con países vecinos, pero en esencia, conducentes a elevar el ánimo de la Soberanía Nacional, dedican esfuerzos y dinero a desmontar las instituciones democráticas para privar al ciudadano de los medios para defenderse contra los excesos de un estado posesivo e impositivo, totalitario. Caen los medios, tribunales y parlamentos bajo acusaciones falsas y construidos ex profeso y sustituidos por otros incondicionales al líder. Este desmantelamiento será lento pero progresivo al tener que enfrentar a los partidos de oposición que se debilitan debido al desgano que causan los ventajismos del líder convertido en estado totalitario, en el “nosotros”. Es dramática esta etapa pues un sector de intelectuales reconoce la maniobra, lo alerta a la población pero es ignorada. Las multitudes solo rugen cuando tienen el estomago vacío. Los mismos que crían el cuervo serán víctimas oculares de sus garras.
Por supuesto que los políticos son personas influyentes; no es casualidad porque trabajan para lograrlo y casi siempre los anhelos de convertirse en un eminente político están asociados estrechamente a la cultura del ego propio: Egocentricidad. En esencia son personas que manifiestan un deseo febril de sobresalir y de controlar a los que le rodean. Son capaces de grandes sacrificios durante la preparación y el ascenso y las peores cosas durante el ejercicio del poder. Enfermos de la auto contemplación nunca escucharán, siempre desearán e impondrán ser escuchados. Con el entrenamiento del poder adquieren la habilidad sorprendente de hablar sin detenerse horas y horas. Este ejercicio requiere que sus servidores le auxilien de forma incondicional, aún a riego propio. Esta actitud solo se consigue permitiéndole ciertas libertades prohibidas al resto de la población. Estamos ante la cúpula asociada al poder unipersonal del gobernante. Los que se oponen “quedan en el camino”.
Como puede apreciarse, la instalación de tal estructura de poder personal es desastrosa para la democracia, de hecho, desaparece gradualmente. Hasta los partidos políticos en esta desigual polémica política tienden a desaparecer porque carecen de plataforma pues la multitud apoya los planes y programas populares, en otras palabras, se pagan sus necesidades a cambio de apoyo político. Entonces, cómo librarme de eso?; pues siguiendo a los políticos, interesándonos por sus programas de gobierno durante las campañas electorales; prestando atención a su origen; quiénes son, de dónde vienen; qué hacían; qué han hecho y detalles sobre su vida personal. No me atrevo a afirmar que este proceder rinda sus frutos cien por cien, pero…qué otra cosa hacer para enfrentar a un embustero político?
Jorge B. Arce
Aug, 2011

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