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viernes, 2 de septiembre de 2011

Atrapado y algo más.



 Llegar a los 60’_apenas cuando comienza a vislumbrarse el final del camino_ y encontrar que las cosas que están ocurriendo en el mundo habrían sido inconcebibles 20 años atrás, resulta frustrante porque casi se desvanece la esperanza y la fe, fuerzas que te sostienen día a día.


Los sistemas que han señoreado regiones  en todo el planeta se hacen cada vez más inestables. Hay cada vez más hambrientos, desplazados, miserables, asesinados. Como si el mundo hubiera enloquecido en poco tiempo. La vida humana vale menos que el oro, que el petróleo, que la cocaína, que la madera, que las ganas de alcanzar un cargo político.



El narcotráfico conjuntamente con el consumo y la fabricación de drogas, estupefacientes y anfetaminas es una verdadera epidemia causando muertes, crímenes, destrucción de seres humanos y familiares. Los gobiernos gastan y gastan cada año más dinero de los contribuyentes para mantenerlas bajo control y aún así hay países que están a un pelo de ser dirigidos por este flagelo que contamina las mentes humanas mediante el soborno y la extorsión.



La drogadicción se alimenta con mayor frecuencia de los sectores más débiles: niños y jóvenes. Entre los adultos es casi común y de moda fumar marihuana en una fiesta privada y se adquiere fácilmente en clubes nocturnos y otros centros de diversión.



Este estado de cosas constituye un verdadero desafío a la sensatez y al razonamiento humanos. Resulta increíble observar cómo mucha gente se entrega a estos malos hábitos con una irresponsabilidad anonadante. La ética es casi algo del pasado, poco reconocible entre oídos jóvenes. Usted puede ser víctima de un timo igualmente en una tienda por detalles que en el centro financiero de New York.



En el Sur de la Florida, lugar donde he fijado mi residencia, los problemas aumentan por año, de todo tipo, en todas las esferas. En esta región se reúnen inmigrantes de todas partes del planeta lo que a mediano plazo ha gravitado en la forma en que se conducen eslabones de la vida pública en esta parte del país porque, inevitablemente los inmigrantes arrastramos con nosotros, consciente o inconscientemente, parte de nuestras costumbres malas y buenas.  En esta parte lo mismo encuentras un político acusado de desfalco, evasión de impuestos, relaciones inmorales que resultan revocados por su notable divorcio con la realidad social y económica. Las campañas electorales están marcadas por un incesante y vergonzoso lenguaje ofensivo y poco ético, lo que las convierte en un circo mediocre. La vituperación del adversario ha sustituido al debate sobrio, calmado, inteligente y provisto de los argumentos propios al cargo al que optan. Es una burla. A cada paso de la investigación de los reporteros aparecen “sendas ocultas y dudosas” del obrar público de los oficiales electos, que se empeñan en controlar exhaustivamente todo el entorno de su cargo colocando a su alrededor a los mejor pagados con el dinero del contribuyente. Es un despilfarro. Las obras constructivas valoradas en 10 millones terminan con 40 y no se sabe cómo. Parecería que ejecutivos e inversores fueran magos reproduciendo números…y como llevan ceros ¡!!.



El fraude contra los fondos federales del Medicare y Medicad ha alcanzado cifras increíbles, así como la impunidad con que han actuado los malhechores. En alguno de los casos conocidos por el público, los mismos siendo investigados no fueron colocados dentro de un régimen que les impidiera evadir la justicia cuando las pruebas fueran reunidas totalmente. Resultado: Fuga del territorio y llegados a otro país donde el largo brazo de la justicia estadounidense no alcanza, como el caso de Cuba, donde ciertos personajes de este tipo han encontrado refugio que supongo no sea ignorado por autoridades gubernamentales de aquel país.



El despilfarro y la mala administración de los recursos financieros y presupuestales de muchas de las ciudades del Sur de la Florida por sus oficiales ejecutivos y principales han sido notables. Un buen día se despierta con la noticia del Herald que tal ciudad ya no tiene el superávit declarado, sino que ahora posee un déficit de tantos millones al presupuesto citadino. Inexplicable. Encontrarás problemas de deudas e insolvencia en el transporte público, en los hospitales públicos y en la educación. En estos sectores estratégicos para el desempeño de los que vivimos aquí han estado dirigidos durante años por personas cobrando unos salarios astronómicos y con increíbles beneficios. En algunos casos producto  de que han sido “importados” desde otros estados por su aparente talento para conducir el renglón y al final resultan revocados o dimiten pero se guardan los requisitos plasmados en contratos onerosos a cuenta del dinero público. Ilícito. Los escolares deben acudir a sus colegios llevando en sus mochilas todos los materiales escolares que compran sus padres y además, por indicación de sus maestros, servilletas, papel toalla y otros de higiene; pero también los materiales para que el maestro escriba en el pizarrón pues la escuela no tiene fondos para comprarlos. (Al parecer, los que determinan estos mandatos olvidan que los padres tampoco tienen fondos para eso; el problema presupuestario es global, no solo abarca a los gobiernos, también a los hogares). Ha sido todo un desfile de personas que administraban servicios públicos importantes, los que han sido removidos o dimitido. Policía, Vivienda, Educación, Transporte, Alcaldes, etc.



El Sur de la Florida, además de ser líder nacional en los “asaltos” al Medicare y Medicad, es la Meca de los fraudes contra las compañías de seguro de autos. Desde que pones los pies en este lugar tienes una  gran posibilidad de ser contactado por alguien que te ofrece un “buen negocio” y ganarte unos miles, simulando un choque de autos. Actúan tan impune y desvergonzadamente, que no necesitas ser un íntimo de estos malhechores; a quemarropa en una gasolinera o cafetería puedes será blanco de una de estas propuestas indecentes, sólo depende del estado de tu carro para que te conviertan en objetivo.



En esta materia, el fraude, el engaño, el timo o como quiera que se le llame, ha sentado pautas en el Sur de Florida. Quizás se deba a que hemos arrastrado con nosotros muchos de estos males que adolecen la sociedad donde nacimos y los fomentamos en el nuevo hábitat floridano y tal actividad nos ha lesionado a todos por igual; a justos y pecadores, como reza la Santa Biblia, porque las compañías de seguro de autos, por ejemplo, no se han tomado el trabajo de invertir para pormenorizar y hacer más exhaustivos las investigaciones cuando se produce un accidente supuestamente simulado, sino que simplemente aumentan las tarifas de las pólizas para mantener el margen de ganancias. Por eso esa actividad no solamente es punible, sino reprochable.



Pero los seguros de autos no son los únicos blancos de los “emprendedores buscadores de fortuna fácil”, los proveedores de teléfono, Internet y TV también han visto sus ganancias disminuir por tiempo y Comcast ha sido un ejemplo de ello, tanto que emprendieron el pasado año acciones para detectar y desconectar las sustracciones ilegales de estos servicios mediante acciones fraudulentas.

Es inquietante, percibo en los pocos años que resido en el Sur de la Florida, la fragmentación de la sociedad. Algunos dicen que Estados Unidos no es igual después del 9/11; otros que después de la gran depresión del Otoño del 2008. Pienso que no hay que trazar fechas, que el problema no radica en la burbuja inmobiliaria ni en las muertes que ocasionó la destrucción de las Torres Gemelas. La causa del lento pero tangible deterioro de la sociedad estadounidense en el Sur de la Florida reside en la transformación negativa de los que aquí vivimos. No exagero. Sólo salga a la calle y observe cómo interactúan las personas entre sí en su roce producto de sus actividades públicas en tiendas, supermercados, aeropuertos, restaurantes. Constatará una pérdida y degradación de costumbres necesarias en ese roce, de las elementales normas de educación y respeto. Basado en mi propia experiencia he notado este particular a partir de mis primeras experiencias cuando llegué hace  algo más de 6 años al intercambiar con personas desconocidas a mi alrededor y descifrar la extraordinaria amabilidad y respeto de los que me rodeaban, claro está, inusual en comparación con la mala educación que existe en el país donde vivía antes.



Hace poco conversaba con una amiga que se trasladó a vivir al Norte del estado, cerca de Jacksonville, y me comentaba de todas las realidades positivas que había tenido la oportunidad de apreciar en tan solo un mes en ese sitio. Por ejemplo, su hijo no tenía que llevar consigo los materiales de higiene personal referidos, ni otros materiales escolares; el colegio lo proveía de todos ellos sin costo. Tampoco estaba obligado a ingerir los alimentos del almuerzo escolar; ahora tenía opciones y además era gratis. Lo que debe pagar por la renta de una casa unifamiliar es menos que lo que pago yo por el apartamentico donde resido. Y, atención, el lugar está en Florida, bajo la jurisdicción del mismo gobernador y la misma legislatura.



Atrapado. Atrás dejé en mi andar en busca de libertad y prosperidad, un país agobiado por la desesperanza, el cuento chino, la mentira, la doble moral, el resolver, la mala educación, la ausencia de futuro. Habitado por personas que ni siquiera perciben que la vida tiene otros matices muy distintas a metas y consignas embriagadoras de pueblos convertidos en mansas muchedumbres con acentuado síndrome de Estocolmo generalizado. Autómatas o faltos de carácter que se acostumbraron a que otros pensaran y decidieran qué es lo correcto y qué no. Envuelto en una crónica crisis económica, social y moral. Cansado de hacer de mi profesión una pantomima con alguien repitiendo desde un podio escoltado por la bandera de la estrella solitaria, que le debemos lealtad a los que nos han pagado la salud y estudios. Hastiado de comprender que ha sido implantado un sistema armado de potentes maquinarias de destrucción de los mejores valores individuales y de familia, los más altos de todo ser humano y convertido en herramienta de un aparato estatal que sustituyó al esclavista del siglo XVIII. Atrapado porque la bocanada de libertad sin igual, nunca antes vivida que insufló mis pulmones en el verano de 2005, comienza a tornarse pesada e impregnada  de algunos parásitos sedimentos de aquélla de donde huí. Cuando soy testigo de males semejantes a los dejados atrás. Incrédulo y dolido al ser testigo de las mismas manifestaciones de latrocinio político ya conocidas, de manipulación, traídas a esta tierra prometida por algunos que se decidieron a seguir viviendo aquí de la forma en que lo hacían allá, incapaces de identificar lo malo, incapaces de desprenderse de tales lastres. Convertidos en los practicantes de de la sociedad de marras, peores bajo el cielo más libre del planeta. Atrapado y dolido mientras observo impotente cómo este querido país se desgaja poco a poco, enfermo de males propios y traídos de afuera.



El futuro de América, depende de que no dejemos que se enfríen nuestros corazones, sean oriundos, del Sur, Este o el Oeste; de todos los que vivimos aquí y comprendan que este país no debe ser tratado como una cuenta de banco a la que nos une un solo pensamiento: balancear ingresos y egresos. Dejando de mirarlo como el sitio donde buscar bienes que enviar a otra tierra; dejar de tratarlo como proveedor de riquezas. Ese futuro depende de que sea tratado con respeto y amor; con lealtad y convicción de compromiso verdadero sin importar que hayamos o no nacido en él, mirándolo y agradeciéndole su cobijo en momentos difíciles.



Jorge B. Arce

Agosto 12, 2011


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