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jueves, 8 de septiembre de 2011

La extremaunción de Pablo Milanés.

Análisis a las declaraciones expuestas por Silvio Rodríguez en su blog Segunda Cita acerca de Pablo Milanés.

“No me siento capaz de juzgar a un viejo amigo”, ha dicho Silvio refiriéndose a las declaraciones que Milanés hizo a la prensa en su visita a Miami como parte de su gira artística por Estados Unidos. Debió haber dicho a un hombre que fue mi amigo hace 20 años atrás y que nunca desde entonces se  dirigieron la palabra. Esto es sintomático porque una buena amistad no se interrumpe drásticamente sin que haya un motivo importante. Pero prefiero dejarlos a ellos referirse a la interrupción de esa amistad. El punto es que no son viejos amigos, fueron amigos, pero no lo son. De modo que esta frase encierra el deseo de que no lo vean como lo que en realidad es, porque a continuación dispara contra Milanés con todas sus baterías ideológicas proveídas por la eficiente oficina del DOR.

“Burda y desamorada forma de expresarse Pablo y el hecho de haberlo hecho en Miami, meca del anticastrismo, sin el más mínimo compromiso afectivo”. Se refiere a Miami como meca del anticastrismo, lo que delata que de inmediato sale a la defensa de Castro y lo coloca en directa sintonía con el dictador y sus métodos subversivos. Pero, ¿dónde debió hacerlo si no en el sitio donde le hicieron la pregunta?; no creo que merezca la pena trasladarse a ningún otro sitio para declarar que es un barbarie lo que hace la policía política contra las Damas de Blanca y otros activistas disidentes en la isla; cualquier lugar es bueno para condenarlo. Y en lo que toca a la “meca” del anticastrismo, como se le suele llamar, no es un secreto que aquí residen los más declarados opositores y críticos del Castrismo hegemónico y no es por gusto.

Ahora bien, ¿a qué amor alude el Sr. Rodríguez al calificar de desamorada y burda la declaración de Milanés?; supongo que se refiera al amor que él mismo le distingue a los octogenarios líderes de la cúpula de poder y en especial al “Comandante en Jefe”, como acostumbra a llamarle Silvio a Castro en sus cortas conversaciones o en sus paupérrimas intervenciones como diputado de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Obviamente su amor por Castro no cambia a pesar de que éste desempeñe el principal papel como autor de la represión general contra los cubanos, puesto que es un amor enfermizo, desprovisto de humanidad, de dignidad, tal como el del esposo engañado por la mujer adúltera. Un amor sin condiciones, sin límites, total. Es su problema padecer de una enfermedad que a mí me repugna. No hay que escandalizarse por repudiar los abusos que se cometen contra los cubanos; hay que escandalizarse porque un grupo de oportunistas extiende alfombras de inmoralidad y concubinato ante el paso de los autores del horrendo crimen de dejar que muera de hambre un prisionero en protesta contra sus carceleros.

“Pablo está convencido de estar a la altura de lo que cree de sí mismo y que lo seguirá defendiendo a su antiguo amigo aunque lo incluya entre los despreciables que siguen defendiendo la revolución”. ¡Vaya defensa la que le está haciendo a Pablo Milanés el Sr. Rodríguez! Todos estuvieran sorprendidísimos ahora si en lugar de hacer estas declaraciones las hubiera respaldado como le corresponde hacer a alguien que se cataloga a sí mismo como un viejo amigo.

Me gustaría que Silvio identificase en qué lugar se ha metido la revolución que dice defender. No la veo por ninguna parte. La revolución que decapitó la dictadura de Batista en 1959 con el apoyo de obreros y campesinos cubanos, el mismo líder se encargó de sepultarla adhiriéndose a la órbita comunista. Fidel les robó la verdadera revolución a los cubanos y la convirtió en un frenesí de egocentrismo desmesurado.

 Si defender esa revolución que dejó de existir hace ya mucho tiempo es adoptar la posición de un grupo considerable de intelectuales  y artistas cubanos en respaldo a la sentencia de un tribunal de inquisición moderna condenando a muerte a tres jóvenes cubanos, entre ellos usted, Silvio y no Pablo, su querido y viejo amigo como le llama, no es porque Pablo no cerrara filas en torno a la virulenta nomenklatura que desgobierna la isla, sino porque asumió una actitud de honor y valor ante tan desproporcionado fallo que solo se sostenía en el interés desmedido de convertir el hecho en un objeto de terror para evitar su repetición y el descalabro de la imagen de paraíso en la tierra que “pintan” los ideólogos del régimen, actitud que fue vista con perspicacia por los alabarderos del  castrismo y encriptado su nombre junto a otros “de interés de la máxima dirección”_ apelativo con que se conoce  al capataz mayor.

¿Qué hizo el autor del “Reparador de Sueños” ante semejante ignominia?; se alió al grupo de los “vencedores” y estampó su rúbrica en el endemoniado documento de respaldo o, como le  llama usted, el que instara a “cerrar filas” alrededor de la revolución., condenando al paredón de fusilamiento a tres jóvenes que trataron de materializar sus sueños. Sueños aunque no sean iguales a los tuyos, pero sueños al fin; los de ellos, lo que ayudaste a arrancar. ¡Revolución!, ¿qué revolución es esa que no acepta señalamiento o crítica alguna de los cubanos? ¿Qué revolución es esa donde no hay cabida a la discusión, al debate, a la búsqueda de otros caminos que no sea el de Patria o Muerte? ¿Qué Patria, qué Muerte? La única patria que existe es para los que tienen el privilegio de disfrutar de sus bondades por el cargo que ocupan. La única muerte que existe es para los demás. ¿Qué revolución es la que defiende, Silvio, si la que conozco es la que ha desinstalo todas las instituciones democráticas y privado a los ciudadanos de la defensa de sus principales derechos constitucionales ante la amenazante y avasalladora aplanadora del estado? ¿Qué tipo de revolución es esa que defiende, Silvio, que coarta los derechos inalienables de reunión y expresión de personas que piensan distinto a los mandatos oficiales y pretenden hacerse escuchar, empleando desde los más sofisticados hasta los más deplorables medios? ¿Qué revolución es la que impone su posición oficialista aplastando los intereses individuales?; ¿no se hizo para defender al ciudadano precisamente de los abusos del poder?; y, ¿a dónde fue ese propósito? Su  revolución, Silvio, la que dice defender condenando a su viejo amigo de forma pertinaz y pública con las consiguientes consecuencias para él, fue guillotinada, parafraseando la francesa y el verdugo es su líder.

En tu revolución enamorada, Silvio, algunos lacayos se convierten en similares esbirros a los que existían en la odiosa tiranía de Batista que se hizo rodear de policías que reclutaban torturadores, que apretaban el gatillo para acallar los reclamos de libertad o les extraían ojos y uñas; apologizándolos al derribar pequeños aviones civiles desarmados, cargados de esperanzas o estampando tu firma en la sentencia a muerte de tres jóvenes negros soñadores.

Jorge B, Arce

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