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jueves, 15 de septiembre de 2011

Minuta No. 1

Minuta No. 1

Al cubano le agrada, disfruta, se siente compulsado a mantener el perfil individual alto. Por ejemplo: Si en determinado momento un pequeño grupo de personas, que pueden ser compañeros de trabajo que ve todos los días durante todo el año, esperan conversando de cualquier cosa, por lo bajo, que uno de ellos termine de hacer un café para el grupo. Se acerca y bulliciosamente saluda refiriéndose a un tema de actualidad política nacional, local o de la farándula: “…qué, caballeros, vieron lo del tipo que asaltó un carro de Brinks con una pistola de juguete?”. U otro saludo: “…cómo está la cosa, gente? Vieron la última que tiró Obama?, Se la comió!”

Es ruidoso y pronuncia el castellano como si mordiera las palabras, acentuando determinadas sílabas colocando énfasis idiomático en la expresión.

Es capaz de acaparar para sí la atención en un diálogo que sostenían otros, mostrándose impaciente por expresar sus ideas acerca del tema antes que su interlocutor haya concluido de expresar la propia.

Presume de haber experimentado lo máximo acerca del tema sobre el que se conversa, idealizando una situación vivida por él en relación al asunto, agregando nuevos matices e identificándolos con su barrio, su pueblo o el país.

Asume una conversación entre extraños como algo normal, a lo que está acostumbrado. No se preocupa por aproximarse con cautela a quien se le aproxima o viceversa. Es capaz de tutearlo en los primeros 180 segundos de la conversación y de despedirse palmeándole la espalda deseándole suerte como si lo conociera de toda la vida.

Obviamente hay en este proceder un componente ausente de educación formal y comportamiento social según los patrones de cualquier otra sociedad. Pero en el caso de la isla, la gente a todos los niveles acostumbra a tratar a cualquier extraño en la primera vez sin dictamines protocolares. Es un estigma para el cubano promedio un comportamiento demasiado “estirado” que origine comentarios muy irrespetuosos como “¿qué coño se habrá creído éste?”

Parece que se suele omitir un comportamiento de determinada rigidez con un extraño en presencia de terceros para evitar esa crítica mordaz y malsana.

El cubano suele ser estrepitoso cuando habla y se ríe. Al reírse no lo hace dentro del ámbito del grupo en que se encuentra, sino que transmite este estado eufórico a todos los demás presentes en el restaurante o en el salón de servicios fúnebres.

Es obsequioso con sus amigos y familiares y no hay visita que no haga sin llevar en sus manos un presente “para acompañar”.

La mayoría se muestra capaz y con conocimientos para emitir su criterio acerca de determinado tema que se esté tratando en un grupo circunstancialmente reunido, ya sea en la parada del bus, en la barra de un bar o en un autobús durante un tour a Cayo Hueso. No importa que se trate de las millas recorridas por un Chevy para hacerle la rotación de los neumáticos o si los delfines poseen branquias o pulmones. Irremediablemente él participará activa y comprometidamente en la conversación y al terminar la misma dirá: “…caballeros, me acabo de acordar de un cuento de Pepito que les aflojará las muelas de tanto que reirán! “y a continuación, sin dar tiempo a que los presentes agreguen algo, dispara uno de los cuentos más “verdes” de ese simpático y jodedor personajillo sin importarle que hay damas presentes, “..con permiso de las mujeres ...”.

En cuanto al sexo…bueno, dejemos este importante tema para otra minuta. Bye.

Jorge B. Arce

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