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viernes, 21 de octubre de 2011

Respuesta a Harold Cárdenas, periodista cubano de la isla.

A continuación podrán leer el texto íntegro del articulista al que me he dignado responder considerando que está haciendo una apología de un criminal en franca violación de su deber de periodista; tergiversando los hechos para escalar posiciones con su editor y con la nomenklatura. Es costumbre de algunos de cientos de profesionales cubanos.
Les ruego que tengan la paciencia de llegar hasta el final.  A continuación lo que le respondí inmediatamente que leí su artículo sin hace ningún ajuste o arreglo en la redacción; tal como brotó.

Usted, señor autor de este “apasionado” relato y exasperante “defensa” que lastra el modus operandi del periodismo “revolucionario” cubano en los últimos 50 años, no ha hecho otra cosa que pretender tomar a los que leen el artículos como unos increíbles estúpidos. Toda la parafernalia de palabras adjetivizantes que emplea en sacarle las castañas del fuego a un individuo que ha regenteado la Cubana de Aviación como si fuera de su propio patrimonio no son otra cosa que una simple colección de adjetivos que utiliza para adorar a un semidios, que como usted bien dice, ha marcado pautas en su vida y en la de otras generaciones junto a su hermano Enriquito ( al que he conocido personalmente desde hace muchos años, pero que no viene al caso examinar su actitud y temperamento), al haber estado bajo las órdenes del “Guerrillero Heroico” ( no era ese su pseudónimo proselitista ? ).
Le pregunto: Realmente cree que los demás le vamos a creer que el jefe gobierna y no tiene responsabilidades de lo que hacen los gobernados ?. Se muy bien que puede contestar la pregunta porque es muy fácil; ni siquiera una lección de lógica se requiere haber tomado para responderla, pero…en el idioma normal, de la gente normal, de la gente que piensa por sí misma, de la gente que no necesita autosensurarse, de la gente que no teme decir su opinión personal sin correr el riesgo de recibir una reprimenda del editor en Jefe.
No malgaste su tiempo en el periodismo; usted no es periodista, usted es un comprometido hasta los cojones con el régimen. Lo sabe, lo entiende, pero no puede salirse de ese rumbo porque tiene miedo. Pero no miedo a que los demás le critiquen y le impongan medidas disciplinarias y hasta lo echen del trabajo ( que por cierto no es trabajo, porque idolatrar a otros no lo es, no digo el nombre que se me ocurre porque me causa espanto). Dedíquese a algo que le dignifique el alma que tiene herida porque lo han engañado y lo peor, se ha dejado engañar porque, a pesar de lo que ha escrito, que para mí es una estupidez, no creo que lo sea tanto como para creerse lo que ha escrito. Piense por sí mismo, deje de vanagloriar a otros que no le han dado nada ni hecho nada por usted. Lo que es usted se lo debe a sí mismo. Nadie alcanza una licenciatura sin aprenderse la lección. Ese título es suyo, no de la Robolución. No es culpa suya que no haya tenido que pagar nada por estudiar; esa ley adormecedora la inventó un cabrón que necesitaba justificar su endemoniado amor por sí mismo y por alcanzar la cima del poder. Respire, no se encabrone conmigo que sí le soy sincero aunque esté equivocado. Hágase un hombre digno de usted mismo, primero, y de los demás después. Deje de ofrendar a esos cabrones que han estado viviendo del cuento de la Sierra durante 50 años, compadre. Lo que hayan hecho no fue obligado; ellos se subieron en ese tren porque lo querían. Cuba no le debe nada. Lo hecho ha sido terminado. Es suficiente. No es razón para seguir manejando los bienes, la nación, las leyes, el pensamiento…a los cubanos, coño, como si fueran el mismo Dios

Jorge B. Arce



Por: Harold Cárdenas Lema La Joven Cuba nunca ha sido un espacio informativo, no podríamos proponernos eso cuando no somos periodistas y ni siquiera tenemos acceso alguno a información de primera mano. En cambio, lo que nos caracteriza es ser un espacio de opinión, ello permite opinar sobre temas específicos aún cuando no tengamos todos los elementos al respecto, pero en todo caso: ¿cuándo los tenemos? Si por carecer de información sobre sucesos polémicos nacionales nos limitáramos escribir sobre ellos, ¿cuánto escribiríamos?
Voy a referirme a un hecho que lleva meses siendo vox populi, con todo lo que le agrega el cubano y peligra convertirse en chisme. Hace un tiempo se conoció un delito de corrupción (más) en las altas esferas gubernamentales, con una característica particular, vinculado a él estaba Rogelio Acevedo, quien dirigía la aeronáutica cubana y constituye un símbolo para más de una generación. Me crié leyendo el libro Descamisados y luego viendo las aventuras televisivas del mismo nombre, Rogelio Acevedo y su hermano son para mí símbolos de la juventud que luchó en la Sierra, bajo las órdenes del Ché, imaginen mi sorpresa al ver su nombre implicado en un caso de corrupción.
Por la poco que se sabe realmente al respecto seré breve, mi análisis radica en dos temas principales: primero la falta de información que existe siempre en estos casos, y segundo el peligroso precedente que puede constituir no aplicarle el peso de la justicia si realmente estuviera implicado.

Posiblemente el pobre Rogelio no conocía lo que ocurría bajo sus narices, posiblemente confió en las personas incorrectas o incluso no controló adecuadamente los recursos y de esta forma su persona está incorrupta, en todo caso no lo sabemos. Cuando el país no cuenta con más que dos versiones informativas sobre el acontecer nacional: la disidente (a menudo inexacta o con falsedades fácilmente demostrables) y la oficial/gubernamental (bastante cierta pero edulcorada en parte y con omisiones o silencios en casos polémicos como este), está sujeto a vacíos de información que siempre van a llenar los opuestos al gobierno, dándole un matiz bastante tendencioso a la información pero al ser la única que circula sobre el tema, puede llegar a convertir se en verdad.
Un amigo me dice que la prensa nacional no tiene que estar dando explicaciones en cada caso de este tipo, algo que es debatible, pero lo que si es seguro es que por algún lado debemos conocer si nuestro héroe de la infancia en las aventuras de los Descamisados está libre de culpas o no, la duda es lo peor. Por esta razón insisto una vez más en la necesidad de que existan espacios de información ajenos al Estado, que de una forma responsable informen sobre aquello que no compete informar a las autoridades pero sí es de interés nacional, esto sin plagarse a intereses foráneos como ocurre en la actualidad con la gran mayoría de espacios informativos extraoficiales que existen en Cuba. Si existiera un espacio alternativo mediante el cual se dijera qué hay de cierto en los comentarios, nos ahorraríamos muchas incertidumbres tan dañinas en el contexto actual.
En caso de que Acevedo esté ciertamente implicado, según la versión más “callejera” que lo vincula a la compra de un avión en tierras extranjeras junto a su pareja, estaríamos ante un caso grave al que no podríamos ignorar. Recientemente su dieron a conocer las sentencias del caso y ni una palabra de Rogelio, alguien me había dicho ya en la capital que sólo perdería el cargo y estaría en una especie de prisión domiciliaria (como estuvieron Joaquín Ordoqui y Edith García Buchaca al triunfo de la Revolución), en caso de ser esto cierto y ser Acevedo realmente culpable: craso error.
Una vez hayamos pasado por las distintas etapas sicológicas de negación, molestia y finalmente aceptación de que un símbolo así haya cometido un delito de corrupción tan grave, tendremos que enfrentarnos al hecho de que no puede de manera alguna salir impune de ello. Peligroso precedente si por ser pertenecer a la época guerrillera o ser de la más alta dirección del país, no paga en prisión lo que la ley exige de él. Esto daría pie a que otros siguieran su ejemplo y peor aún, le otorgaría una especie de impunidad a un grupo que si bien hicieron la Revolución a riesgo de sus propias vidas con el mérito que ello conlleva, no pueden estar por encima de la ley que ellos mismos crearon.
Hasta ahora sobre Acevedo no se ha dicho una palabra oficialmente, si no estuvo implicado en el caso de corrupción, estamos fallando al no informarlo al menos parcialmente y así limpiar su nombre, si es culpable del delito, está fallando al darle una impunidad que puede revertirse en su contra y sentar un precedente peligroso. Confío en los nuevos aires que toma la política nacional y la batalla contra el secretismo que abandera Raúl tan oportunamente, el balón está ahora en su cancha.

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