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viernes, 6 de abril de 2012

Sobre Martí y yo emigrante.


Sobre Martí y yo emigrante.



Hola, Luis. Comentando su siempre generosa atención hacia mis comentarios. Gracias. No es un agradecimiento inmerecido puesto que usted es mi anfitrión en este sitio y me siento satisfactoriamente atendido aunque no nos "rocemos" ni a 100 pies en algunos temas.

Usted ha "tocado" un tema que por su ínterin, necesitaría mucho espacio o mucho tiempo para desarrollar mis ideas al respecto: Las aspiraciones de Estados Unidos. Y realmente siento constatar que una persona como usted, con determinados valores de instrucción, razone a "medias" _por no citar otro adjetivo más preciso e hiriente_. Su concepto sobre el tema debe basarse en datos obtenidos de algún sitio que le impulsen a repetir esa afirmación de conquistador planetario de los Estados Unidos. No pretenderé refutar esa tesis. Por sí misma dice mucho de usted y lo lamento. Es su opción vivir con esa idea "colocada" en su conciencia por años, manejada, conducida, inducida. Imagino que el "espacio" en que usted se mueve para respaldar tal afirmación _en definitivas no es su autoría ni nada por el estilo_, no le permita observar muchas cosas, no porque no lo desee, si no porque no puede. Prefiero imaginarlo así que como instrumento de un proyecto porque lo apreciaría más como persona.

No voy a contradecirlo, blogger, no me atrevo al menos por ahora. Prefiero incitar en usted el bichito de la curiosidad, laboriosidad, constancia y perseverancia para adentrarse en ese inmenso pequeño mundo de la conciencia prefabricada.

En cuanto a Martí la cosa es distinta. A él hay que estudiarlo con método no con vicio. Hay muchos estudiosos de Martí en Cuba y por otras latitudes. Cuando empecé a leerlo "concienzudamente", claro, no como infante, me adentré en sus obras completas y tomé el volumen XVIII como el primero; no fue por casualidad que lo hice pues buscaba vehementemente encontrar un Martí que no fuera como el que me han estado pintando durante años y años desde el sexto grado hasta la Colina. Hasta un Martí cocinero me fue presentado en perfiles televisivos de pocos minutos de duración a cuentas de uno de sus aniversarios de nacimiento. Y lo encontré, hallé ese Martí del siglo XIX feroz crítico de las ideas y régimen socialista. No olvido el inmenso alborozo que experimenté en esa lectura y la sagaz crítica a dictaduras de funcionarios en la pluma del Maestro; no por gusto había buscado en varias bibliotecas ese volumen y no aparecía por ningún lado! Qué cabrones!

En fin, Luis, no presumo de conocer a Martí y si cité ese verso ayer fue porque es una referencia directa al manipulado concepto politiquero de PATRIA y Educación Patriótico Militar, etc., teoremas que pasé mi vida escuchando en todos los medios habidos en la tierra donde nací. Concepto que se empeñan en colocar sobre la mesa de conversaciones los que quieren convertir al lugar de nacimiento en algo sacrosanto e irrenunciable.

Lo verdaderamente importante de ello es que uno puede nacer en cualquier lugar y ser ciudadano de otro lugar; todo consiste en la aceptación que como ser humano recibamos. Yo, por mis ideales era un extranjero en Cuba. Sin mover un solo dedo en contra del Estado; sin mover un solo dedo en contra de los poderes políticos en general; sin conspirar; sin asociarme; sin delinquir ideológicamente de acuerda las rígidas normas del partido comunista y de los ordenos 13, 14, etc. de la Orden No. 1 del Cmte. En Jefe, recibía más acoso de tipo político que es usted incapaz de imaginarse. Sabe por qué?; por expresar mis opiniones y mis cuestionamientos a todo lo que observaba injusto o inadecuado o desproporcionado. Era eso: Un crítico, pero ni siquiera activo porque carecía de plataforma para difundir mis críticas y otras cosas...

De qué patria me sugiere entonces? Perdí a pocos amigos cuando emigré porque quien se conduce como lo hacía en Cuba, transita por una fina cuerda y te miran los que te conocen como un apestado: ( Ese, estás loco, ese contamina, la policía me llega a mí a través de él; está en candela"). No puedes conservar amigos con ese acoso.

Aquí, en esta nación que al parecer tanto odias, siendo un extranjero porque lo soy, me tratan con respeto. Digo lo que pienso en cualquier soporte al que tenga acceso; llamo a los políticos locales y me comunico con ellos; critico sus errores según mi perspectiva y no recibo ninguna advertencia de peligrosidad y créame, Luis, si hay algún país que está constantemente amenazado es Estados Unidos porque sus enemigos sobran y en Cuba se esconden algunos de ellos y usted lo sabe.

Cómo no voy a amar a este país si me ha brindado las oportunidades que no me brindó el nativo a pesar de llegar con 53 años y con escasos conocimientos para abrirme camino?

Me temo que tal vez usted no llegue a alcanzar la profundidad de mis sentimientos porque supongo que no es un emigrante y no es un extranjero en otro país que no es el suyo. Y Estados Unidos brinda tantas oportunidades a los extranjeros que se unen aquí provenientes de todas partes de la Tierra, que no te sientes extranjero cuando te insertas culturalmente en este nuevo ambiente. Es el secreto para no pensar constantemente que podría estar viviendo en la isla y no en Miami Lakes. Te acostumbras a los nuevos paisajes (planos como son en La Florida), a los nuevos olores, alimentos, mercados, transporte, vías, recreación, turismo, trabajo, en fin, la vida.

Amo este país porque en primer lugar me aceptó sin pedirme nada a cambio. En mi propio país para continuar avanzando en mi carrera tuve que responder SI para brindarme como voluntario al África a una guerra que no era de Cuba, sino de Fidel. He tenido dos trabajos que me brindan lo necesario para vivir como no imaginé que viviría nunca cuando estaba en Cuba y soñaba en venirme acá; en términos cerrados: incomparablemente mejor.

Pero lo más resaltantemente positivo del cambio es que ya no oigo el teque político-ideológico día y noche y no tengo que ocultar mis opiniones todas para impedir que me señalicen; ni  me "tocan a la puerta" para preguntarme por qué no he ido a votar o qué voy a hacer mañana que el gran líder va a estar presente en el acto por el aniversario...etc., etc. y todos debemos contribuir a su seguridad.

La tangible sensación de poder expresar libremente lo que pienso me hace creer que he "crecido" una docena de pies de altura humana.

Créame, ni siquiera recuerdo los tristes momentos de escaseces disímiles que sufren una parte de los cubanos; el recuerdo siempre perenne en mi memoria son la inmensa falta de libertades civiles. Al residir aquí donde un policía no te detiene en medio de la autopista para preguntarte qué relación tienen de consanguinidad entre los pasajeros que llevas y tú o para registrarte el maletero o pedirte identificación, me siento como si flotara, como si no tuviera los años y las canas que tengo. En todos estos años solo me detuvo un patrullero una vez por acelerar bruscamente en una zona escolar activa ( más de 7 años manejando diariamente más de 12 millas y pasando centenares de intersecciones reguladas por luces, avenidas, calles y autopistas). Se colocó en marcha detrás de mi auto y activó las luces de torreta. Me detuve; se acercó; bajé el cristal, saludó cortésmente en Inglés y al identificar mi somato tipo en Español y preguntó: "...Señor, comprende lo que acaba de hacer incorrectamente?". Esa fue su pregunta sin preguntarme nada más con maneras corteses pero severas, sin el más mínimo asomo de indulgencia, autoritarismo o abuso de autoridad.

Con idénticas maneras se me acercó otro en otra oportunidad al verme estacionado junto al carro de un amigo que se averió en el Palmeto Express Way en la franja de desahogo y emergencias y después de saludar preguntó: " ...Puedo hacer algo para ayudarles, señores ?". Qué diferencia, Luis, qué diferencia!, a pesar de que algunos criminales que actúan en las calles reciben a balazos a los policías cuando se detienen cerca de ellos, proceder que coloca a los oficiales en una situación muy comprometedora pues han de diferenciar en fracciones de segundo un infractor casual de las leyes de tránsito de un criminal armado y cargado de drogas.

Sí, Luis, amo a este país porque me ha dado lo que he necesitado para mí y para ayudar a mis familiares a soportar las penurias de un sistema improductivo e incapaz.

Jorge B. Arce

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