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martes, 15 de noviembre de 2011

El libro "Así es mi país".

Resultados de la educación revolucionaria en Cuba.

La Revolución Cubana marcó un hito inédito en América Latina en el comienzo de la década de los 60’s y se caracterizó, entre todas las cosas, por ser amenazadoramente transformante como respuesta a la suspensión de la Cuota Azucarera implantada por el gobierno de los Estados Unidos. Esta medida generó una cadena de acontecimientos de respuesta que abarcó todos los renglones de la vida en general de la isla. Mientras más medidas se aplicaban desde el exterior para tratar de estrangular el gobierno de Fidel Castro, más radicales eran sus medidas de respuesta. Producto de estas acciones equivocadas de ambas partes quedó en medio quien no había pedido ni decidido esos cambios: Los cubanos.

En lo que respecta a educación fueron implantadas importantes medidas que cambiaron el sistema imperante; el alejamiento de la sombra de Estados Unidos y el acercamiento a Europa y principalmente la Unión Soviética, configuró en mucho las transformaciones que se originaron en ese sector. Se suprimió el estudio elemental del idioma Inglés en las escuelas secundaria hacia arriba. Fueron sustituidos el estudio de América del Norte, principalmente Estados Unidos por otros parajes europeos como los mencionados, así como de la propia isla. Fueron suprimidos todos los pasajes históricos principales referidos al Cristianismo y Judaísmo y, paradójicamente, en secundaria empezó a estudiarse el idioma ruso.

Gobierno e Iglesia Católica protagonizaron un encarnizado enfrentamiento que dio por resultados que curas y monjas tuvieran que emigrar para salvar el pellejo, sobre todo en los casos de aquellos que mostraron una determinada dosis de activismo cívico frente al desmoronamiento de una sociedad como la existente en sus relaciones con esa creencia religiosa. Otras, como los Testigos de Jehová, por ejemplo, no fueron perseguidas y decidieron mantener el perfil bajo para sobrevivir como efectivamente lo hicieron.

Sin miramientos fueron introducidas esas transformaciones eliminando asignaturas correspondientes al saber humano que hacen al estudiante-ser un ente cosmopolita, habitante de todo el planeta y ajeno a cualquier tipo de ideología. Desde ese entonces, la ideología ha lustrado y administrado todas las dosis del saber en escuelas y universidades. No quedó ni una sola asignatura que no contuviera un 50 % de su dosis separatista y partidista. Este quehacer quebró importantes conexiones del desarrollo del adolescente y del joven en el desarrollo de su aprendizaje global. A esa edad se necesita conocer los principales acontecimientos históricos que han ido cambiando el mundo y el desarrollo de la humanidad, pero con el imperio de la ideología esta directriz fue castrada.

De ahí la importancia que requiere la independencia de los patrones escolares y el contenido de los textos de cualquier elemento político-ideológico. Como se sabe, los ideólogos de la revolución utilizaron el falso patriotismo para enmendar la historia argumentando que los enemigos habían hecho lo mismo antes. Según se conoce, el gran líder revisaba personalmente los proyectos que le eran presentados para las principales asignaturas, de modo que su impronta personal está implícita en estos asesinatos de la educación.

A mi mente viene una anécdota personal que ilustra este dilema o mejor, este sistema autodestructivo del desarrollo del pensamiento del estudiante. Cuando cursaba el cuarto grado de primaria, se editó un libro para sustituir el que existía para ese fin y creo que estaba dirigido a estudiantes de tercero también. Su nombre: “Así es mi país” y su escritor el entonces Capitán del Ejército Rebelde Antonio Núñez Jiménez, el que por cierto, según he conocido, poseía una hermosa esposa que tenía algún tipo de tapaderas con el gran líder mientras que éste navegaba, cabalgaba o volaba sobre Sierra Najasa, el Cauto o la Ciénaga de Zapata durante sus estudios geográficos de la isla.

Yo había sido un estudiante inclinado a memorizar lo que leía y me aprendía con facilidad textos de todo tipo y luego los recitaba con facilidad en actividades escolares, lo que me hacía blanco de ciertas y determinadas admiradoras.

A tono con esto, mi maestra de ese grado era Ada Brito, una señora muy severa en sus clases que no permitía ninguna indisciplina. Era regordeta, trigueña y dueña de una formidable voz capaz de hacerse sentir en toda la magnitud de aquella gran aula donde nos enseñaba Geografía, de grandes ventanales, que irradiaban muchísima luz, gran pizarrón y unos closets de madera adosados a la pared con una linda marquetería en sus puertas y parte superior, los que servían para guardar el material escolar que utilizábamos y que se hallaba en aquella formidable escuela nombrada José Miguel Tarafa en honor a un prócer local del siglo XIX.

De ella se rumoraba que estaba preparando sus papeles para irse a Estados Unidos y al igual que otras maestras como Julia Pérez, la que recordaba más a una mujer nórdica que a una nuevitera hija de un pueblito colgado sobre una bahía, nos dejaba tareas para la casa antes de terminar cada clase. Aquella, dejada por Ada Brito, significaba memorizar y comprender los límites geográficos de Cuba y había que inspirarse en cualquier texto que los explicara. Así que tomé el ejemplar de Así es mi país y me dispuse a memorizar su contenido al respecto.

Así, al día siguiente, en cuanto la maestra lanzó la pregunta sobre los límites geográficos de Cuba, alcé la mano como un látigo y lancé un efusivo: ¡Aquí, maestra! que despeinó a varios compañeros. Ada Brito, como le contaba, enseguida sospechó que yo haría una correcta descripción de la pregunta y dijo:

-A ver, Jorge Arce, póngase de pie y responda la pregunta de la tarea.

Antes de proseguir permítanme anotar que muy temprano descubrí que había cierta y real relación entre el progreso que conseguía en las pruebas exploratorias y los exámenes finales y, de otro lado, mi amplia participación en las preguntas de clase y hasta cierta tendencia a cuestionar los criterios en base a lo que me aprendía de memoria. Los maestros sabían eso y lo explotaban a su manera. Había descubierto que no era un adicto estudiante que repasa en casa las clases del día y que las buenas notas que obtenía se debían al aprovechamiento de la asimilación durante las clases. Lo sabía y lo explotaba. En fin, era un estudiante de poco esfuerzo. ¿No es eso ser un tipo listo?

De manera que me puse de pie con todo coraje y confianza como si fuera un bateador que sabe qué tipo de lanzamiento hará el pitcher enseguida y mi capacidad para conectar, y me hice escuchar con tono de niño prodigio:

_La isla de Cuba, o archipiélago como debe ser llamado por la composición geográfica general de varias islas e islotes aparte de la isla mayor, limita al Oeste con la península de Yucatán, Méjico. Por el Sur con el Mar de las Antillas o Mar Caribe. Por  el Este con Haití en la isla de Santo Domingo y por el Norte…

El hecho de que hubiera dejado el Norte para el final, contrario sensu a como se inicia la descripción de una ubicación geográfica, no era casual ni por iniciativa propia; así versaba el texto que he citado antes y con toda intención. El hecho de que respetase ese patrón textual me daba la oportunidad de defenderme, si la maestra rectificaba mi descripción, arguyendo que el texto era quien debía ser respetado, sino para que se empleaba de estar mal. Y con esa carta en la manga, continué

_...y por el Norte con la península de la Florida, la cual se extiende hacia el Sur, hacia nuestro país, como el colmillo de un monstruo que pretende clavar sus fauces y...

_Suficiente, suficiente, Jorge Arce, no es necesario que abunde más en los detalles…

_...pero, maestra, pero si en el….

_ ¡Suficiente he dicho, caramba!, puede sentarse; concluyó mientras se arreglaba su moña que caía sobre su frente y con un tono contrito, indiscutible e inalterable.

A esa edad escolar un niño interpreta y acoge concurrir a clases todos los días como una obligación impuesta por los padres, primero y luego se transforma en hábito, curiosidad e interés, en ese orden. Y por otra parte, el tiempo para el juego, la pelota, la pesca, empinar papalotes, montar bicicleta y patines o ir de excursión al monte agreste, están compartidos y distribuidos en la mente. A esa edad el maestro explica los pormenores del sujeto y predicado en el pizarrón, el niño observa pero su mente está en decidir qué tipo de anzuelo necesita para enganchar un sábalo de 30 libras y que no se safe. Así de simple. El maestro y el resto del claustro deben organizar de acuerdo a un programa de estudio paralelo, actividades en la escuela o con la escuela, que inserte ese interés hacia lo desconocido que todo estudiante tiene, intercalándolo y relacionándolo con el material de estudio.

La voluntad política para viabilizar ese concepto significa la existencia de un entramado global que enlace las asignaturas que permitan ser vinculadas con la vida real. Y esos intereses sublime de la educación no deben ser bloqueados por los políticos ignorantes, solo conocedores de cómo permanecer en el poder.

Esa supuesta armonía entre los grupos que representan intereses y los de presión no debe ser obstaculizada por axiomas ideológicos. El alumno debe sentirse parte del colegio, integralmente. Deben edificarse implementos que se conviertan en representativos de la pertenencia a ese colegio en particular acrecentando el papel individual y mezclándolo con el de grupo o team. El premio al esfuerzo debe ser estimulado, reconocido y entregado al mejor. Todo este clima hace crecer ese sentido de apego a la institución, el sentido de responsabilidad y de representatividad, cosas importantes en el futuro demócrata.

El marco enjuto, cerrado, claustrofóbico del “cuatro paredes” del aula, el timbre, la mirada inquisitiva del maestro y el sentimiento de obligatoriedad que algunos creen son las herramientas eficaces de la educación, son lo contrario. El chico rechazará la escuela. Severidad no es represión, sino formación del necesario concepto de reglas y disciplina.

El ánimo de competencia y de sobresalir en los resultados por encima de los demás no crea un ídolo, crea un luchador por sus metas. Por ello el deporte competitivo, aún con bases creadas en la propia escuela, forjan ese carácter en la fase de estructuración de la personalidad del joven.

El interés por la participación en las actividades de civismo o patriotismo, requieren una estructura básica y progresiva, pero también alejada de dogmas protocolares que solo producen aburrimiento en el joven. Debe convertirse al estudiante en protagonista del aprendizaje de esos valores, no por escucharlos, sino por actuarlos. Se consigue con programas integrales con base al teatro como principal soporte metodológico.

La educación y la instrucción no pueden desarrollarse por adoctrinamiento. Se deben mostrar todos los caminos pero no decir cuál debe ser tomado de manera directa porque será rechazado por naturaleza. El ánimo de que el estudiante halle desarrollo y libertad de acción, de opción y decisión, ha de ser el objetivo de la EDUCACION para lela a la instrucción para todo maestro.

Jorge B. Arce

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