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sábado, 8 de agosto de 2015

Imperio doméstico isleño.


Imperio doméstico isleño.

 

Recientemente uno de los medios entrevistaba a un grupo de balseros cubanos que arribaron al Sur de la Florida a bordo de una frágil embarcación.

En su mayoría son jóvenes, nacidos con la revolución de 1959 y en respuesta a la pregunta de por qué abandonaban Cuba, explican que sus motivaciones no son políticas, si no económicas; que buscan mejor porvenir y nivel de vida para sus vidas, comer, tener un carro, viajar, vestirse a la moda y disfrutar de la vida y no seguir viviendo en la miseria en que han vivido hasta ahora.

Si hubiera sido yo el periodista que les entrevistó, inmediatamente haría una segunda pregunta: “ Y en opinión de ustedes, cuáles o cuál es la causa de que hayan vivido hasta ahora en esa miseria que mencionan ha existido en sus vidas?...”

Pero el reportero no hizo esa pregunta. Ignoro la causa pero es una pregunta obligatoria porque nuestra forma de vivir es política, porque la economía es el resultado del pensamiento político. Claro que el reportero sabe aunque no esté convencido, que el tema de las relaciones de PAZ con el gobierno cubano está dentro de los principales puntos de la agenda presidencial de Estados Unidos que en materia de información es un producto que se “vende” porque unos más y otros menos, la compran.

_”No, no tenemos ningún tipo de problema con el gobierno cubano”. Fue la respuesta de uno de ellos convertido en “vocero per se” de todos los demás. Ni uno sólo alzó su voz para replicar: “ No, un momento; yo si tengo problemas con el gobierno cubano porque es el principal responsable de que la gente en Cuba no pueda pensar, hablar, reunirse, disentir, pedir explicaciones, acusar, señalar. En fin, de no ser libres de proyectarse realmente como uno piensa”.

Ante tal hecho no puedo más que preguntarme: Mienten motivados por el omnipresente terror policial arraigado hasta la médula en gran parte de los cubanos de la isla y no de la isla?; o, ¿ciertamente esa respuesta refleja la conciencia de esos individuos recién llegados?.

No deseo adivinar pero puedo conjeturar. Y creo que una gran parte de los cubanos no tiene un concepto claro o comprensible de las libertades civiles, libertades individuales; de que la soberanía de la nación radica en el individuo y no en el estado; de que el estado existe únicamente para servir al individuo; de que los oficiales gobernantes son servidores de los ciudadanos y no al revés; de que un gobierno es una administración para invertir ética, equitativa y justamente las riquezas que producen sus nacionales y no al revés; de que los individuos elegidos en el parlamento defienden consecuentemente, los intereses de los ciudadanos a quienes representan y no al partido; de que nación, como concepto, no significa estado; que si un solo partido político detenta el poder absorviendo para sí el Derecho de designar administradores, legisladores y jueces, no es democracia, sino dictadura.

Sin estos conceptos, que no son todos, no puede originarse una respuesta coherente a la simple pregunta que hizo del reportero. La respuesta ofrecida por uno de esos pobres seres, pobres de pensamiento, es el reflejo de una conciencia social resultado de 54 años de trabajo selectivo, colectivo, ideológico que comienza desde que el niño escucha una idea distinta de sus padres en su casa y luego los escucha pronunciar lo opuesto en las calles. Es el resultado de la pasividad con que los cubanos, casuales testigos de una golpiza a unos pacíficos ciudadanos que protestan, observan a otros propinarle, sin mover un solo dedo o voz de protesta.. Es el resultado de una política nacional abyecta dirigida a convertir al cubano en su propio censor de opiniones que se logra porque el partido político posee el control de todos los medios públicos. Es el resultado de la política de “silencio” aplicada eficientemente en la sociedad cubana; de cero acceso a la información interna y externa. Los cubanos desconocen quiénes son los disidentes que se enfrentan valientemente a la policía política del gobierno; ni siquiera saben cómo logran los pocos resultados que obtienen en la arena internacional, muchos más que en la doméstica.

Esta conclusión me sugiere una idea interesante. Si en Cuba, producto de las relaciones comerciales con Estados Unidos, en primer lugar, y con la apertura a líneas de crédito de bancos estadounidenses y con el resto de los países, los ciudadanos comunes comenzaran a tener acceso a todos los bienes del mercado que conocemos los que vivimos en una sociedad tal; pudieran comer tres veces al día lo que gusten; tener un auto y prescindir de los apelotonamientos de gente dentro de los “camellos” ( buses ); a estos cubanos no les importaría en absoluto que un reducido grupo de individuos mantuviera por los siglos de los siglos el poder político concentrado en sus manos y manejándolo a su antojo y beneficio. A ese cubano simple e imperfecto, se le antoja dar salida a sus necesidades y pasiones.

Dentro de las necesidades de ese mismo cubano, la mayoría, lamentablemente en Cuba, no está agendada la política. No le importaría que sus medios de prensa anuncien cumplimiento de planes y metas, de triunfos revolucionarios, de triunfos en los deportes o del honor revolucionario de los profesionales cubanos en el extranjero o que los pocos canales de TV y Radio en la isla repitan constantemente hasta la sociedad las interminables mesas redondas adornadas por periodistas payasos y saltimbanquis; cambiarían a otro canal de cable no gubernamental y esta ausencia de motivaciones políticas desprendidas de la desconceptualización social, permitiría a los descendientes del clan gobernante mantener sus envidiables posiciones de imperio doméstico isleño.

Jorge B. Arce

Miami

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