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viernes, 11 de diciembre de 2015

Donald Trump y lo políticamente incorrecto.


Donald Trump y lo políticamente incorrecto.

Desde que iniciara su campaña como precandidato del Partido Republicano, Donald Trump ha provocado un cuantitativo y cualitativo sinnúmero de reacciones. La mayor parte lo descalifica y acusan de inconstitucional, de sembrar la separación del país, de incentivar el odio, de anti-inmigrante, de anti-hispano, de usar peluca, de decir barbaridades, de payasadas, de irrespeto por las mujeres y que ni remotamente el pueblo americano lo eligiría como presidente para conducir la nación. Desde los conocidos y famosos showman, pasando por analistas políticos y de campañas presidenciales hasta sus propios compañeros de partido, lo tildan de irracional y justifican su alto índice de aprobación ( 36 %para la fecha actual, muy lejos de los más cercanos Clinton y Carson) es debido a sus payasadas.

Cuando el huracán Katrina amenazaba las costas de New Orleans y los expertos ponían en duda la capacidad de los diques para soportar no un categoría 4, sino un categoría 3, los portavoces de la Casablanca declaraban que los diques soportarían y que el Cuerpo de Ingenieros se hallaban en el terreno evaluando la situación. Sólo unas horas antes de la catástrofe conocida se extendió la orden de evacuación total. Era tarde. No cabe dudas de que las declaraciones del gobierno, entiéndase declaraciones políticas, estaban dirigidas a aliviar la presión generada por la situación climatológica y evitar el caos que produciría una estampida de más de tres millones de personas en autopistas y carreteras. Era lo políticamente correcto.

Lo políticamente correcto, a pesar de la guerra (yihad) terrorista declarada por los grupos islámicos conocidos contra USA, es mantener una política coherente con los principios nacidos de la Declaración de Independencia y la Constitución de los Estados Unidos de América respecto a abrigar a los inmigrantes de todo el mundo, lo que en otras palabras significa otorgar visas de entrada autorizada al país de personas sin procesar por los canales diplomáticos, consulares y de inteligencia considerando que una parte de los países emisores de numerosos sujetos están sujetos a conflictos militares civiles lo que dificulta enormemente obtener datos fidedignos de las fuentes confiables y de que una parte de la estrategia de estos grupos yihaidistas es sembrar células durmientes en territorios ahora para operar posteriormente. El ejemplo más objetivo es el de San Bernardino.

Esto objetivamente significa: Sacrificar la seguridad para mantener la imagen de lo políticamente correcto.

Ante semejante realidad objetiva, los políticos voltean el rostro, como se dice, y adoptan la postura de “impecabilidad política” porque asumen que lo políticamente correcto es lo que debe hacerse a pesar de los riesgos.

Donald Trump no es un especialista, un experto en política internacional o un estudioso de las instituciones constitucionales. Es un americano preocupado y dolido por la pérdida de terreno de los Estados Unidos en la arena internacional y su grandeza como líder mundial. Es capaz de distinguir los errores de los políticos de conveniencia política y la corrección porque carece de argumentos políticos para justificarlos. Por eso los señala sin ambages, sin medias tintas, ajeno en reparar si ha elegido para hacerlo los caminos trillados políticamente.

Luego no debe sorprenderle a nadie que ostenta el más alto índice de aprobación. Dice lo que siente no lo políticamente correcto.

Jorge B. Arce

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