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viernes, 25 de diciembre de 2015

Apuntes sobre el totalitarismo.


Apuntes sobre el Totalitarismo.



La meta del totalitarismo es la transformación de la realidad social construyendo un nuevo tipo de hombre. Por eso realizan un monstruoso abuso del poder al mismo tiempo que generan la esperanza de que pueden crear un futuro esplendoroso, lo cual le sirve para justificar y legitimar las represalias contra los grupos que obstaculizan alcanzar ese futuro radiante.

Si la legalidad es la esencia del gobierno no tiránico y la ilegalidad es la esencia de la tiranía, entonces el terror es la esencia de la dominación totalitaria.

Quieren controlar toda la maquinaria del estado y la transformación radical de la sociedad por medio de un movimiento que debe ser constante, lo que implica dominar de manera permanente todas las esferas de la vida de cada individuo.

Los medios de dominio inherentes al totalitarismo se distinguen radicalmente de todas las otras formas de poder político propios del despotismo, la tiranía y la dictadura. El totalitarismo llega a crear meras formas de instituciones políticas y destruye las tradiciones. Convierte a las clases sociales en “masas”, el pluralismo político en hegemonía de un partido único que encabeza el movimiento de las masas populares, modifica la realización de los poderes legales en la arbitrariedad y el terror impuestos por la policía secreta y los servicios de inteligencia, mientras que en política exterior se enfoca en el dominio mundial.

Toda vez que la ideología no es capaz de transformar la realidad objetiva, los ideólogos totalitarios tratan de separar el pensamiento de la experiencia por medio de algunos métodos de demostración. El pensamiento ideológico agrupa y ordena los hechos, los somete a un proceso lógico y, partiendo de una premisa tomada como axioma, conduce a las masas a una conclusión predicha de antemano.

Otro rasgo inherente es el culto al jefe cuya figura es inflada por sus adeptos fanáticos hasta dimensiones divinas, y la sorprendente ligereza con que dicha reverencia puede pasar al olvido. La organización del pueblo en “las masas revolucionarias” permite utilizarlas para ese fin y les proporciona, además, un genuino instrumento propagandístico.

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