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domingo, 11 de enero de 2015

La evolución del teléfono.

Desde los infantiles teléfonos que en algún momento hicimos para pasar el rato a partir de dos latas de conserva vacías unidas por un cordelito hasta los actuales "inteligentes" que por cierto, no comprendo, este útil artefacto ha sufrido una transformación tan interesante como su uso. No pretendo parafrasear este increíble desarrollo sino su uso pues se me ocurre pensar que Alexander Graham Bell, si tuviera la oportunidad, estaría de acuerdo en reir a carcajadas sobre algunos detalles.
 
Los primeros teléfonos con un magneto eléctrico adicionado lo usaban los empleados públicos de ferrocarriles, oficinas, bomberos, policía y otros servicios públicos para avisar pretendiendo minimizar los daños que pudieran ocasionarse cuando "se quemaba la Yaya" o el tren lechero iba sin frenos Loma del Burro abajo.
 
Mas tarde empezaron a instalarse los aparatos con un disco provisto de números y letras en los hogares privados y fue de un amplio uso para llamarse entre amigos y familias que vivían a dos cuadras de distancia para decirse algo así como lo que sigue:
 
" _ Hola, mi amiga, cómo estás ?...Coño, vieja, llámame pues desde ayer no nos vemos y aunque vivimos cerca siempre es bueno estar "conectadas". Bueno, te dejo porque se me queman los frijoles...chao chao.."
 
Y es que Graham Bell nunca imaginó que su aparatito creara un cierto "magnetismo" entre la gente, tanto, tanto magnetismo que incluso algunos pasan trabajo para despegárselo de una oreja mientras comen, ven la TV, manejan y hasta...se duchan.
 
"_Chencha, mi'ja, sube, que te llaman de Colón con una novedad, correeee, sube !!!!.
 
Esta es otra modalidad del uso del teléfono, pues resulta que su costo de instalación no todos pueden pagar y los vecinos se tiran un cabo para notificar buenas y malas noticias unos a otros.
 
Hay que decir sin ambages que durante estos años la gente era un poco más feliz porque no tenía que preocuparse por darle carga a la batería del teléfono, o comprar el protector contra caídas, o bajar la última de las aplicaciones para pelar papas o hablar en chino sin pasar un curso básico, o que se me quede encima de la mesa cuando salí a comprar yuca al mercado de la esquina.
 
Entonces, sin la existencia de este poderoso e inusitado y siempre novedoso artefacto, la gente no tenía que preocuparse por responder a su amigo en el momento que evacuaba sus intestinos porque a aquél se le ocurrió telefonearle para que le dijera cuál es el nombre de su mascota o del último hit de Los Tres de La Habana; nada, que cuando te sentabas tranquilamente a hacer esa vital primera necesidad corporal lo único que te preocupaba era llevar contigo el periódico para pasar el tiempo. O cuando entras a un lugar donde debes esperar tu turno para que el tribunal te notifique cuánto debes pagar mensualmente por tu hipoteca, el desgraciado aparatito empiece a timbrar, pero no con el sonido acostumbrado de un teléfono sino con los acordes de la Guantanamera o Dame chocolate, mima pa' gozar o cualquier otro ritmo popular incluido el inconmensurable regaetón...y los que te rodean te miran con una cara del carajo que no deja espacio a palabras, pura elocuencia del momento.
 
Pero si usted quiere divertirse en secreto, sin que el usuario del teléfono inteligente se de cuenta, por supuesto, dedíquese a observar, cuando tenga tiempo, por ejemplo en la roja de un semáforo, cómo un tipo vestido a la onda, parquea su carro, se baja, da la vuelta a la puerta del pasajero, la abre, saca una mochila, se la cuelga al hombro; cierra la puerta, comienza a andar; en una mano lleva los auriculares, en la otra el teléfono. Uno de los extremos del auricular en una oreja, el otro colgando; avanza, trata de coger el otro extremo de los auriculares, no lo logra porque lleva un vaso con café Mocha de McDonald por la mitad; con la otra no puede porque lleva el teléfono. Logra, mientras se mueve evitando los golpes de los carros que pasan conducidos por conductores atentos...a su teléfono móvil, meterse el teléfono en el bolsillo trasero del jeans. Con la mano libre atrapa al desinteresado extremo del auricular que lucha por no ser atrapado entre balanceo y balanceo. Cuando lo ha logrado trata de tomar el "inteligente" que metió en el bolsillo trasero de sus jeans pero la longitud del cordón se lo  impide, al mismo tiempo que logra que un conductor atento a su celular no lo deje cojo de por vida. Alcanza la acera al fin y hace maravillas tratando de alcanzar el hilo del auricular que se balancea tratando de no ser atrapado por la mano que ya tiene también el celular. Al fin lo logra, lo conecta, se introduce el extremo en la oreja que le quedaba libre, tropieza con un hombre que camina a toda velocidad hablando consigo mismo, bueno, por su sistema a manos libres con la cuñada que tal vez le esté pidiendo dinero prestado para pagar su plan con ATT que subió a $180 sin que se explique por qué...
 
"_Tal vez, le dice él, porque no tienes la aplicación para bajar 30 Megabytes que te envié la semana pasada...recuerdas ?...
 
Cuando al fin ha logrado evadir los obstáculos que gente inconsciente le ha colocado en su camino retrasando sus intentos de "conectarse", nuestro hombre logra hablar con alguien, no se con quién, pero su sonrisa de satisfacción lo delata.
 
Su interlocutor, desde casa, mientras se cepilla los dientes pues acaba de levantarse, masculla palabras incomprensibles para nuestro hombre; se salpica de dentífrico y dice una palabrota...se encabrona y suelta la presión de su mejilla contra su hombro liberando su IPod de casi $400 dólares que alegremente salta a la esquina del vanitee, rebota y cae graciosamente en la taza del inodoro...
 
En el otro extremo de la señal satelital, nuestro aguerrido saltador de obstáculos de una de las calles más populosas de Coral Gables dice: Hello, hello...Albert...helloooo...mierda !, habla, chicooooooooo.....
 
 

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